BIENVENIDOS. LOS INVITO A INGRESAR A UN MUNDO MÁGICO DONDE EL ARTE ES LA MISMA NATURALEZA. Crónicas de viajes por Argentina.

"NUNCA ANDES POR EL CAMINO TRAZADO, PUES TE CONDUCIRÁ ÚNICAMENTE HACIA DONDE LOS OTROS FUERON". (Alexander Graham Bell)

domingo, 27 de abril de 2014

PRESENTACIÓN DE LIBROS EN JUNÍN

Algunas fotos de la presentación del día 25 de abril de 2014.
Presentadores: Carlos Mac Donnell, Daniel Carpi y narradora Norma Menuet.


Dos poemas del libro LOS DOMINIOS DEL SILENCIO.

XLII

Estaba el sol
como testigo,
los ritos de la arena
cortándome las huellas,
desafiando
mi fuerza inagotable
de amar hasta el martirio.

Estaban los abismos
de piedras y de nieve
y el rito prodigioso del viento
que lastima
en abrazo delirante,
perenne, supremo
por los huecos desiertos
donde la vida se esboza
sobre lecho de muerte.

El volcán Quewar
fue testigo
de mi asombro
caminando los silencios
que emboscaron mi ternura,
mi deseo incorregible
de místicos peligros
la desconcertante entrega
a un invisible amor.

Declaro tres testigos:
el Quewar tan níveo
el sol cegador
y el viento perpetuo
cruzando los abismos.

Declaro tres testigos
y dejo que el mundo
gastado y oscuro
juzgue mi pasión
de vagar
por esos sitios.

XLIII

Creo que pronto
me cegará la nostalgia,
entonces…
caminaré silente
la misma senda
con mi alma abierta
mis manos vacías
y un ansia idéntica
a la ansiedad pasada.

Creo que pronto
despertaré
cargada de estrellas
aromada de pastos
y redimida
por la alta soberbia
de los grandes árboles.

Y el altar
de los ríos
que mojaron mi viaje
florecerá en cruz
como un rosario de agua
besándome el tiempo
verde de mi alma.

Creo que pronto
obraré el milagro
de tender la tristeza
de mi vida azul
en el reducto agreste
y lejano
donde quedó vibrando
mi fiel campana.

Etel Carpi.

POEMA DEL LIBRO "EL LÍMITE DE LOS MIEDOS"


LA ARMONÍA

La noche se hizo lágrimas.
Hace tiempo que se quebró la armonía de mis días
y por más que lo intento no puedo recuperarla.

¿Qué escucho en mi interior?
Sonidos verdes de muerte.

Tengo que volver a aprender
lo que aprendí sin darme cuenta:
vivir en la armonía de la creación.

¿Cómo se hace?
Agobiada por los problemas cotidianos
casi no recuerdo cómo se hacía
para vivir la eterna felicidad.

Yo la tuve...
No sé en qué momento la perdí.
Quizás fuiste tú
quien bebió hasta secar
la fuente de mi felicidad.
Etel Carpi













viernes, 7 de marzo de 2014

RIMAS DE VIDA Y SUEÑOS.


 NUEVO LIBRO, 2014. POESÍAS JUVENILES.


lunes, 3 de marzo de 2014

ECOPOESÍA

Poema que quedó entre los 70 seleccionados en el concurso del FESTIVAL INTERNACIONAL DE ECOPOESÍA que organiza POETAS UNIVA en Tumbes, Perú, año 2014.


LLAMADO A LOS POETAS DEL MUNDO

La TIERRA clama ¡piedad! desde el Ecuador a los Polos.
Arrítmicas convulsiones nacen desde sus entrañas.
Glaciares que se deshielan, ríos oscuros de lodo
Entierran toda la VIDA cuando llueve en la montaña.

El hombre enfermo viola las leyes de NATURALEZA
Contaminando sin mesura mares, ríos y el aire
Porque afirma y cree en la eternidad de nuestro PLANETA
Pero nada lo salvará si tala sus árboles.

Se extinguen las especies, una a una todos los días,
También a la especie humana le llegará ese momento.
El cielo, como el cielo de la TIERRA primigenia
Que será una gran tumba coronada de silencios.

Es hora de limpiar su sangre de todos los venenos
Que hemos derramado sin piedad en sus verdes arterias.
¡Basta de bosques talados!, y ¡Basta de mares negros!
¡Aprendamos todos juntos a disfrutar su belleza!

Si uniéramos todas las voces de todos los poetas
Y construyendo un inmenso poema de amor, salvarnos
Salvando todos los seres vivos que habitan la TIERRA.
Con tan poco se lograría: ¡¡Simplemente amarnos!!.

AUTOR: ETEL CARPI.
REPÚBLICA ARGENTINA.
                                                                   Foto Etel Carpi


lunes, 3 de febrero de 2014

COLAPSO AMBIENTAL. CUENTO.

COLAPSO AMBIENTAL.

Reality show de una escritora.
(Cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia).

Las primeras luces del alba se cuelan por la ventana. Aún no suena el despertador programado puntualmente para las 6 de la mañana. Es domingo de elecciones y ella espera encontrar en el campo un espacio de paz para crear.
La noche la sorprendió varias veces despierta tratando de armar el rompecabezas del sin fin de actividades de los próximos días.
En el cuarto contiguo se silencian las voces de su hija adolescente y de su amiga Sofía que se quedó a pasar la noche para charlar y mirar películas. Para ellas es la hora de dormir…
No deja que la alarma del reloj suene, enciende la radio para escuchar las noticias previas a la jornada electoral. Pero escucha muy mal, hoy amanece más sorda de un oído por la fastidiosa cera que las gotas que le recetó su doctor amigo aún no disuelve. “Una semana”-le dijo. Paciencia… debe esperar, pero ella no puede soportar la espera, necesita escuchar las noticias como todas las mañanas, para colmo la interferencia casi permanente a su radio preferida ya se ha hecho crónica.
El fastidio crece, apaga la radio y se levanta. Al costado de la cama, su mascota de 10 años, la observa con sus bellísimos ojos azules pero no abandona el confortable colchón de tela roja con estampas de patitas.
Cumple con el ritual de todas las mañanas: lavarse la cara, ponerse crema, las gotas en la vista, tomar unos mates mientras ejercita los 20 minutos en la bicicleta fija. Y piensa, piensa y piensa… tiene una calesita en la cabeza, donde todas las actividades giran y giran sin acomodo alguno. Se esfuerza por ordenarlas y desiste al darse cuenta que está sobrepasada.
Abandona la bicicleta, se dirige a la cocina para desayunar, tomar los medicamentos y las semillitas de todo tipo para mejorar la salud. La mañana primaveral ya vive en la luz plena que ilumina los coloridos malvones de su jardín, la intensamente florida Santa Rita roja del rincón preferido y el silencio magnífico de esa hora tan especial de los domingos por la mañana relaja el espíritu. Un aroma a azahar la embriaga, apura las actividades, quiere llegar temprano al campo, a su lugar para escribir algo y armar parte del rompecabezas.
Se viste, arma la cama, saca a su mascota al patio, recoge sus apuntes y parte. Son las 8 de la mañana. Hace los 10 kilómetros escuchando la radio del auto, por suerte ya escucha mucho mejor. No se apura demasiado porque hay bastante arena en el camino. Es mejor conducir despacio en la soledad magnífica de la mañana.
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Ahora se encuentra tranquila, bajo los altos sauces, escribiendo un cuento. Se escucha un concierto de aves canoras y el sonar imponente del viento entre las hojas. Sí… porque la soleada y fresca mañana de primavera se ha ido transformando en una mañana ventosa.
No importa, ella escribe y escribe sin parar. En eso está cuando entra un mensaje al celular. Número desconocido. Lo lee igual: “buenos días hermosa, ¿Cómo estás?, deseo de corazón que cumplas todos tus sueños hoy y siempre. Te quiero”. Analiza el número, imagina y recuerda, es él, su último amor con el que terminó hace seis meses mal y lo había borrado de sus contactos como también de su mente, envuelta en la vorágine de actividades en las que se fue metiendo después. Ese mensaje que llega en un momento tan inoportuno le hace mal. Revive los terribles días que vivió cuando decidió alejarse de él definitivamente después de un episodio violento que le puso el punto final a una relación que la estaba asfixiando, quitándole su tan apreciada libertad. Fueron varios días de amenazas, de un acoso permanente que sólo logró frenar con una denuncia policial. Poco a poco dejó de perseguirla, poco a poco ella logró borrarlo de su vida, de su mente, de su corazón… no resultó fácil pero tampoco tan difícil como imaginó. Y ahora ese mensaje para romper el silencio. Prefiere seguir en lo suyo, olvidar… “nunca más volverá a hacerme daño, él ni nadie, porque no lo permitiré” –piensa. No contesta, vuelve a escribir, no quiere parar.
 Cuando se da cuenta, han pasado los minutos y debe regresar al pueblo porque en poco tiempo empieza la final de tenis que no desea perderse porque juega el mejor tenista del país con el que quizás sea el mejor de la historia. Y ella, aficionada a ese deporte, no puede dejar de verla, es su espacio de tiempo libre.
A la tarde  concurrirá a votar, a la tarde se pasará la tintura antes de que las canas la invadan. A la tarde terminará de armar su agenda semanal. A la noche terminará de escribir… o tal vez mañana, después de encargarse de buscar al plomero para que arregle la pérdida molesta en la base de la pileta del baño y de la base del inodoro. Ah… no debe olvidarse de subir al techo para verificar que el último trabajo que hizo el techista esta vez dé resultado después del quinto intento fallido en varios meses. Y esa gotera que se fue multiplicando día a día para trastornar su mente forme parte del pasado, y argumento para algún relato o cuento que un día escribirá. Pero para saberlo… tendrá que esperar la próxima lluvia. Esperar, esperar… escribir, escribir… hacer, hacer… así es su vida, porque está sola y hace años que se acostumbró a esa mescolanza de actividades.
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Lunes. Dedica el día para coordinar las actividades de la próxima Feria del Libro que será en pocos días. Visita algún auspiciante, al diseñador que hará el banner de la Sociedad de Escritores, a la imprenta para el presupuesto de unos caligramas que piensa presentar y de la invitación personal para la presentación de su libro de cuentos. Termina de corregir la prueba de galera de su próximo libro, completa los formularios para la edición de 5 páginas de la Antología de una editorial de Rosario, realiza su caminata diaria que desde hace años viene haciendo para mejorar su salud y conectarse con la naturaleza, cocina lo que puede y como puede por el poco tiempo que tiene. Manda un mensaje por el facebook a varios compañeros escritores sobre el tema de la Feria, deben estar en permanente contacto esos días. Aprovecha para coordinar la visita del profesor del taller literario que vive en una ciudad vecina para que presente su espectáculo de versos y payadas en la Feria; como lo encuentra conectado, hablan y llegan a un acuerdo, sólo faltan unos detalles. También manda mensaje a Braulio, encargado de Medio Ambiente para preguntar en qué lugar de la ciudad se plantarán los árboles con motivo de la presentación de libros en la Feria ya que desde hace 2 años ella forma parte del movimiento de ecopoesía, devolver a la naturaleza el papel que los escritores consumen al publicar. Y eso, para ella es muy importante ya que gran parte de su vida de escritora ha estado inspirada y dedicada a defender al medio ambiente por medio de la palabra escrita, de las pinturas realizadas, de sus composiciones musicales en época que estudiaba composición. Braulio le dice que podrían plantar sauces, o tal vez paraísos, le parece bien y piensa en el próximo paso.
Se acuerda que tiene que ir a hablar con Laura  (la chica que alquila la casa que heredó de sus padres)  para definir con ella los gastos que demandarán pintar el frente y el patio. Laura es una chica muy minuciosa en el cuidado de su hogar, es decoradora y le gusta tener todo lindo estéticamente. Es hiperactiva, y al igual que ella, ama la estética y por eso colabora porque es en beneficio de” su “casa. La ve en el negocio y enseguida llegan a un acuerdo, también consigue que auspicie la Feria del Libro con su negocio de decoración y regalería.
Por la tarde concurre al Museo de Arte para retirar los cuadros de su última exposición que culminó el día anterior. La agobia el calor, y un viento persistente que altera sus nervios. Le pide a su hija que la ayude, en media hora terminan. Embala los cuadros y en tandas de dos viajes con el auto los regresa a todos a su taller. Ordena un poco y separa los que donó al Museo para repasar los datos que con el tiempo se borraron y luego los regresará al mismo para que formen parte de su colección. Se siente satisfecha, misión cumplida… ordena los folletos que sobraron, guarda el libro con los recuerdos de los visitantes que no fueron muchos como se esperaba pero no importa, nunca importó, ella hace las cosas por sí misma y para sí misma, esa es su misión en esta vida. Luego prepara unos mates.
El día resultó largo y provechoso. Pero lo termina bien, aunque cansada. Se duerme pensando en la reunión del martes con cultura municipal para definir el lugar y programa, más otros muchos detalles de la próxima Feria del Libro en su ciudad.
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Por la noche, en algunos de sus momentos de insomnio recuerda la visita inesperada de un colibrí que apareció revoloteando en su pieza cuando ella hacía la siesta el domingo. Se sobresaltó al abrir los ojos y verlo, primero creyó estar ante un murciélago (un poco influenciada por las historias de los libros de vampiros que su hija lee apasionadamente, y le cuenta luego, ella también ha leído algunos), pero cuando descubre ya más despierta que es un dulce colibrí o picaflor, se tranquiliza. Después busca muchos datos en internet sobre estos episodios. Generalmente son de buen augurio, aunque hay leyendas más inquietantes. Ahora piensa “¿habrá sido de buen augurio, o traerá desdicha a mi vida”? Es positiva por naturaleza, después de darle vueltas al pensamiento termina convenciéndose  que tiene que ser para bien que un ave tan diminuta, ágil y maravillosa la visite. Al poco tiempo comprobó que estaba equivocada… y cómo! Toma nota: será el argumento de un próximo cuento. Y se duerme…

Los días transcurren sin sobresaltos, cumpliendo con todas las tareas que indica su agenda. De todos modos se inquieta al recordar una y otra vez que no pudo llamar al plomero ocupada en otras cosas. Sí hace el llamado a la Acopiadora de cereales por el pago que quedó pendiente de hace unos meses. Le contestan lo mismo de siempre, que siguen atravesando una situación difícil y que es su deseo pagar a todos pero no saben cuándo podrán. Ya hace tiempo que ella dejó de angustiarse por ese tema, por lo tanto sigue con su vida sin pensar demasiado, “ya se pondrán al día con la próxima cosecha”- -piensa.
Llega el recibo del impuesto inmobiliario rural. Lo guarda sin mirar demasiado, sólo que hay un aumento. Cuando ya más tranquila vuelve a mirarlo se da cuenta que no le han hecho la bonificación por buen cumplimiento. Lee y relee, sabe que no tiene deuda, se dirige a la oficina de catastro municipal, la empleada le explica que abajo hay una leyenda que dice “falta regularizar DDJJ” (algo que en su aturdimiento no llegó a ver), y la manda al contador. Luego que cargue los datos en la página de internet, tiene que volver por un nuevo recibo. Se dirige al contador, no se encuentra, el secretario le dice que no es la única, que deje el recibo ellos  harán el trámite. Lo increíble –le comenta- es que hace tiempo se subieron los datos y seguro hubo un cruce de los mismos, porque están emitiendo las facturas así, a propósito para ver si alguien cae y pierde la bonificación que es bastante. Pero no fue tan sencillo, tuvo que cargar la clave fiscal de su padre fallecido porque  sigue a nombre de él  ya que para hacer el cambio tiene que pagar un dineral y con lo que recauda cada año se le complica más y más.. No es su único caso, es una treta más del gobierno voraz que se lleva en impuestos de varios tipos el 70% de la producción del campo. Se amarga, pero hace varios años que viene sufriendo la situación y ya siente que no vale la pena afligirse por algo que parece no tener solución. La descapitalización ya es un hecho.
Como el precio de la hacienda comenzó a recuperarse, esperará unos días más y tendrá que vender…no le queda opción, tiene que afrontar los gastos que se avecinan, hablará con su socio y tomarán la decisión juntos, como siempre fue a lo largo de los 15 años de relación en el manejo del campo.

Decide hacer una nueva visita a su psicóloga para hablar de los últimos acontecimientos, nada nuevo, nada que ella no sepa ya de su vida y de sus miedos, fobias y obsesiones. Hace varios años que va, ya más que nada por inercia, cuando siente que necesita hablar con alguien, a la psicóloga le agrada escucharla y muchas veces le lee algo que escribe; sin duda, lo que para ella fue, es y será la mejor de las terapias es escribir. Analizan los sueños, está en una etapa de descubrir aspectos de otras vidas pasadas que la ayuden a resolver traumas y relaciones en ésta. Resulta simple analizar la vida a través del arte, y muchas veces tiene que escuchar a su hija con su frontal forma de vivir, sus estudios, sus sueños de futuro, los conflictos con su padre que vive en la capital y al que también tiene que escuchar en sus continuas frustraciones de pareja. A sus primas que son hermanas pero tan distintas. Aconsejar a una, aconsejar a la otra… y siempre está en el medio. Trata de ser neutral, pero a veces no se puede, y ella ya ha decidido correrse de ese lugar.
La semana pasa, se acerca la próxima reunión de escritores para terminar el armado del programa de la Feria del Libro y los miles de detalles a tener en cuenta. Detalles que les seguirán ocupando hasta el día de la apertura.
Los acontecimientos se precipitan en su vida. La tormenta anunciada Berta está por llegar. Locuras del periodismo del sur de poner nombre a los fenómenos meteorológicos severos como hacen con los huracanes en el norte. Pero acá son otro tipo de tormentas, sólo logran crear una psicosis de miedo y alerta en la gente. Se sabe que el Medio ambiente del planeta está alterado y los fenómenos son más virulentos pero no está bien inducir al miedo. No está bien. Su hija tiene que viajar a la capital. Espera y desea que llegue antes que “Berta”. Quizás, por fortuna, se rompe el micro antes de salir, tratan de arreglarlo sobre la hora sin éxito. Llega otro, buscan solucionar el problema usándolo para hacer arrancar al primero. Y también se rompe. Ahora hay que esperar más…la imagen es patética, el cielo oscuro amenaza con algo malo. Su hija entra en cólera y cambia el pasaje para el otro día.
Regresan a la casa, el tiempo pasa mientras comentan lo mal que está funcionando la empresa de micros. Cenan, miran televisión y se acuestan. La lluvia no comienza, demasiada quietud en la atmósfera. Se duerme con miedo, teme a la gotera, tiene un presentimiento, no tiene fe que el último retoque funcione. Reza, pide, da gracias a Dios porque su hija está con ella y no en viaje. Esa noche no desea estar sola. Una inquietud extraña la envuelve. A la 1.30 de la madrugada despierta, escucha caer la lluvia sobre el techo de chapas, va al baño, mira por las ventanas de cada lugar de la amplia casa, pero comprueba que llueve con calma, no hay truenos ni relámpagos. Solo llueve… y llueve y llueve. Se acuesta, ya no duerme, no puede dormir, está alerta. Reza, implora, la lluvia se intensifica un poco más. Pasan las horas, a las 3.30 comienza a caer agua en el lugar de siempre, junto a la puerta del cuarto. Se le acelera el corazón, ya  no cree en nada, una vez más tendrá que sufrir y se quedará sin dormir. Va por el ritual de siempre, un trapo de piso arriba del fuentón para que atenúe el ruido. Se acuesta, no soporta el sonido continuo, el repiqueteo monstruoso del agua al caer. Al rato se levanta con una linternita y verifica cómo se ve el techo, ya hay goteras por otro lado, busca un balde, dos palanganas y trapos, más y más trapos. Se asoma al cuarto de su hija, ella duerme ajena a su drama. Vuelve a acostarse, supone que se duerme un rato porque cuando despierta a eso de las seis de la mañana confundida y escucha que sigue lloviendo y goteando, redescubre la realidad, “su” realidad.
No puede estar más en la cama, se dirige al baño, agua por todos lados, limpia, acomoda y siente que ya no puede más, las lágrimas la vencen, pero sigue luchando. Luego en la cocina, ya más tranquila, prepara el mate y con él se refugia en el sector lejano de la casa donde tiene su escritorio y bicicleta fija para gimnasia. Quiere escapar de ese sonido, no ver, no sentir… abstraerse de la terrible realidad. Sube a la bicicleta y pedalea con todas sus fuerzas, a toda velocidad, como si quisiese escapar muy lejos, y pronto. Siente nostalgia del sur, su lugar sagrado donde soñó terminar sus días. Pero sabe que está siempre en el mismo lugar, en su casa, en su refugio de paz que siente se ha transformado en una espeluznante trampa mortal.

Los días posteriores se convierten en una vorágine de acontecimientos. Pide asesoramiento por todos lados, casi compulsivamente, sin pensar, siente que necesita una solución ya, la ansiedad la carcome. El cielo sigue plomizo pero ya no vuelve a llover. Después de despedir a su hija que al fin puede viajar a la capital y que le pide tranquilidad en su ausencia, se va al kinesiólogo, es su cuarta sección para desanudar la zona cervical donde descarga toda la tensión. La encuentra peor, le comenta lo acontecido… tiene que trabajar bastante para aflojar la tensión acumulada y le dice que le conviene seguir unas secciones más.
Ya en su casa, le pesa el silencio, la terrible soledad que acecha. No se reconoce, no es la persona que siempre disfrutó cada rincón de su casa en soledad, de esos silencios necesarios para crear; ella… un ser amante de la soledad, ahora es un ser diferente, temeroso en su propio hogar.
El nuevo día amanece bastante frío, despierta temprano, abre ventanas, ventila y sale a caminar. El cielo está cubierto pero se nota que el aire cambió y que hará muy buen tiempo en el transcurso del día.
Realiza varios trámites temprano aunque es sábado y la gente tarda más en ponerse en movimiento, en salir del letargo, como en cualquier ciudad pequeña o pueblo de campo. Luego recibe a los albañiles y a su vecino que es maestro mayor de obras y le pidió asesoramiento para encontrar la mejor solución. Ya, en esos dos días ha reunido una docena de opiniones. Ella misma tiene la suya. Pero es la opinión del vecino la que parece más lógica, la acepta, pide presupuesto, en dos días lo tiene, lo acepta, pero… tiene que esperar, esperar que el tiempo cambie, que deje de llover… esperar, esperar. Ella sabe que será difícil, llegó la época de las lluvias, 10 días continuos sin agua ningún pronóstico lo garantiza, es plena primavera, no hay otra opción, esperar, seguir esperando y sufriendo con cada lluvia, rogándole a Dios que sea leve, para que el techo no se deteriore más de lo que ya está. Esperar…

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Llueve… es un caótico diluvio que inunda su mente. Corre de un punto a otro de su casa, mira por todas las ventanas: agua, agua y más agua. Escurre los trapos, cambia la ubicación de los baldes, palanganas y lo que sirva para que las gotera no inunden el piso. Es noche cerrada, imposible permanecer en la cama y dormir. El sonido se amplifica en el silencio total de las calles desiertas, las luces emiten destellos en la cortina de agua, se tapa los oídos y quisiera escapar pero está paralizada. Estar más allá de las nubes, en el cosmos infinito, donde el alma perdura pura y eterna. No bajar nunca más a la tierra, porque ya aprendió y vivió todo lo que tenía que vivir y aprender. El ritmo de su corazón se acelera, se corta la luz y en la oscuridad puede sentir como largos tentáculos gelatinosos que la rodean, la comprimen, la amarran y poco a poco siente que entra en un espacio sin tiempo, sin forma, sin luz, sin color, sin sonido, sin atmósfera. Luego siente  que ese monstruo gelatinoso de agua se autodestruye y entonces, ella visualiza una puerta que al abrirla y cruzarla se despoja de  su cuerpo y entonces, es un ser etéreo que al fin encuentra su lugar.

ETEL CARPI. Primavera lluviosa de 2013







martes, 21 de enero de 2014

NUEVAS VIVENCIAS. Continuación de EVOCACIONES DE UNA VIAJERA.

SAN LUIS: NUEVOS RUMBOS.

En el capítulo XXVIII de mi libro de relatos Evocaciones de una Viajera ( 1987), hablo de una recorrida por las sierras de San Luis, La Carolina ( donde había unas pocas casas entonces), la magnífica Gruta de Intihuasi, cerca del Cerro Sololasta, sus silencios, su increíble soledad. Entonces todo aquello era salvaje, puro, mágico, muy poca gente transitaba esos caminos difíciles de la montaña.

En febrero del año 2012, decidí volver con mi hija para que conociera lo que tanto me atrajo siempre: la naturaleza agreste y pura. Con nosotros viajó mi prima Alicia y su esposo Carlos, que hizo las veces de chofer con muy poca experiencia en montaña pero que aprobó el examen con un 10 felicitado.
Me sorprendió La Carolina, un pueblito de montaña maravilloso, con sus calles de adoquines, empinadas, y ese río de oro que lo atraviesa, las minas abandonadas, el color, el aroma, la quietud de sus calles, su gente… las casitas de piedras que tienen el color del oro y el brillo tan especial de cuando el sol las ilumina.
Recorrer después de tanto tiempo esos caminos de montaña, descubrir otros nuevos atravesando todas las sierras en un perfecto pavimento, como el que lleva al dique Nogolí o el que une Potrero de Los Funes con la nueva ciudad De La Punta, ingresar a las entrañas de las sierras sin tener que sufrir por andar ripio y piedras, abriendo y cerrando tranqueras, como cuando arribamos a La Carolina aquellos lejanos años. Guiándonos simplemente por el instinto, con mapas muy buenos del A.C.A. pero que había que interpretarlos.
Me sentí tan feliz en ese recorrido, volver a la Gruta de Intihuasi, donde si bien se encuentra protegida, demarcada, señalizada y con cuidadores… el silencio sigue siendo igual, tan especial como ningún otro silencio conocido. Fue allí, que pude reflexionar sobre mi vida, reflexiones que compartiré con los lectores. Escribí en mi cuaderno de viaje el 1º de marzo de 2012:


“En la gruta de Inti-huasi vive el silencio único, inmaculado, el que atesoran las graníticas montañas de esos cerros dulces cubiertos de flores, rocas, pastos y cabritos trepando en lo más alto.
Llegué allí, al altar del pasado, después de tanto tiempo de una primera vez inquietante que dejó huellas profundas en todo mi ser. Y fue sentirme joven como aquella niña inquieta que quería acumular paisajes y aventuras para escribir el gran libro de la vida.
Ese libro que hoy estoy segura existe y quedará por siempre para la inmortalidad de un alma pura, deseosa de dejar huellas, después de un gran aprendizaje.
Parada en la entrada de la inmensa gruta prehistórica sólo escucho el latir del corazón por el esfuerzo de la última subida. Luego el silencio, total, cósmico, ese que se reconoce sólo en muy pocos lugares del planeta. Inti-huasi es uno. Y allí, con el caer de la tarde, la magia del sol, las lejanas nubes de extrañísimas formas, como trozos inmensos de algodón, cierro los ojos y medito.
La vida es dulce, lo sé, son estos momentos cuando comprendo cuánto atesora mi ser; y que después de haber andado muchos caminos por la vida, voy llegando al final sabiendo que mi misión ha sido cumplida y es tanta la abundancia de amor que tengo guardada que la llama de la eterna felicidad vivirá por siempre en mi ser de luz”.
Parece increíble.
La vida aquí se detiene en un bálsamo de belleza suprema y oculta que se revela sólo a algunas miradas.
Me elevo al plano místico.
Entonces…
Todo se compacta en este instante donde nada es importante.
Soy yo, con mi ser desnudo en una comunión de luz con la omnipotente naturaleza que me rodea”.

Después de muchos años volví a visitar al Algarrobo Abuelo, también conocido de los Agüero por estar en tierras del abuelo del poeta Puntano Antonio Esteban Agüero quien le escribió una magnífica CANTATA.
Lo he visto más imponente que nunca, inmenso en altura, poderoso, de frondosa copa verde, troncos rugosos que denotan los 1.200 años que ostenta. Orgulloso, rodeado de un denso bosque que ayuda a soportar los intensos calores del verano. Cuando lo visité por primera vez era muy joven y no me daba cuenta de lo que realmente significaba, hoy, con un largo recorrido en la ecología y el amor que profeso por los árboles en particular, siento una gran admiración por este magnífico ejemplar al que muy bien cantó el poeta puntano en la oda CANTATA AL ABUELO ALGARROBO.

San Luis es una provincia que tiene muchos lugares que despiertan mi interés: Las Salinas del Bebedero, Sierra de las Quijadas, Los Lobos, Papagayos, las pampas de altura de las Sierras de los Comechingones… pero hay un lugar que conocí en el último viaje a Santa Rosa del Conlara que me atrapó enseguida por todos los secretos que esconde sobre la historia evolutiva de la tierra. Ese lugar es: Bajo de Veliz ubicado en el sector noreste de la sierra Grande de San Luis.
Se accede por ruta desde Santa Rosa del Conlara. Profunda y angosta depresión que se extiende unos 12 kilómetros es parque natural desde hace unos años, con guardaparque permanente y guías del lugar.
En el corte de las barrancas se pueden ver las distintas capas de la evolución ecológica y biológica de la tierra, son estratos sedimentarios de la era Paleozoica, período Carbonífero Superior ( aproximadamente de una antigüedad de 300 millones de años).
Cuando existía “Gondwana”, uno de los supercontinentes primigenios se encontraba en el límite austral de una gran cuenca sedimentaria, el PAGANZO, abarcando las actuales provincias argentinas de la región Centro-Oeste.
El clima era húmedo intermedio, abundaban especies como: helechos, coníferas, juncos, etc. El reino animal lo formaban insectos y arácnidos, los que eran arrastrados a lo más profundo de la depresión o cuenca y sepultados bajo superpuestas capas de sedimentos, en un ambiente anaeróbico ( sin oxígeno), es por eso que no se oxidaban y no proliferaban las bacterias, contando además con un ph ideal ( salinidad y alcalinidad equilibrada); en esas condiciones era posible el proceso de momificación, luego la carbonización y por último la petrificación de hojas, troncos, semillas, polen, insectos y arácnidos.
Este espléndido lugar es denominado por los lugareños “lajas de piedra pizarra”. Es un yacimiento de gran importancia donde se han encontrado fósiles de arañas, insectos y micro y mega flora.
En el año 1981 se encuentra accidentalmente por un señor que compró lajas para su casa, una joya paleontológica de incalculable valor científico-cultural. Es un fantástico y gran ejemplar de araña: MEGARACHNE POLLINEI SANTA ROSA, pieza única por sus características, por su morfología externa, su cefalotórax, sus extremidades y articulaciones, además sus quelíceros y pedipalpos, presentándonos sobresalientes detalles muy bien conservados, nítidos y deslumbrantes ojos, pudiéndose observar que la mayor parte de su superficie se encuentra cubierta de conos capilares o bulbos pilíferos. Sí carece de abdomen ( se supone se desprendió al quedar atrapada en el lodo, o tal vez lo comieron otros insectos), según los estudios mide aproximadamente unos 50 cms de largo por 30 cms de ancho, y imaginándola erguida, unos 70 cms de alto incluidas  las extremidades. Es un verdadero tesoro del planeta Tierra, transportándonos a un pasado remoto de 300 millones de años, casi inimaginable, mucho antes de la proliferación de los grandes saurios, cuando la vida (tanto animal como vegetal) estaba en sus comienzos y los ambientes eran tan extraños y diferentes. Según los sabios, en esa porción de la Era Paleozoica, vivían los arácnidos e insectos voladores y  reptiles primitivos, siendo los primeros seres en pisar tierra firme en esta región y en esa época.
Este ejemplar único de araña se encontró impreso en las capas interiores de una gran laja del Bajo de Veliz, que al abrirla se ve el positivo y el negativo perfectamente conservada gracias a las condiciones en que ocurrió el accidente que la sepultó en el lodo. Especialmente sin oxígeno que permitió la conservación. Se encuentra en el museo particular del hijo de la persona que la encontró, siendo custodio del mismo ya que por ley nadie puede adueñarse de un fósil, el que pertenece al patrimonio cultural de la provincia. Los ofrecimientos para llevárselo del país han sido muchos y millonarios; pero el deseo de la provincia, y de la familia es que permanezca en el lugar, donde todo el que tenga una inquietud por saber de él puede acercarse a la casa particular donde la esposa del dueño les dará una escueta explicación.                                  
Dentro del Parque Natural, viven unas 140 familias que crían cabritos, sus casas son atérmicas, de barro con techo de paja que deben soportar bruscos cambios de temperatura cuando en verano llega a hacer 40ºC. y en invierno -14ºC. Es un bosque seco, pero bastante cerrado. Allí se conserva un ejemplar de 500 años de Guayacán, árbol oriundo del Chaco que no se sabe muy bien cómo pudo desarrollarse allí, es un ejemplar vigoroso, sana, maravilloso que está en la falda de una sierra, y junto a él han crecido dos ejemplares más que son más chicos e igualmente sanos y bellos. Es patrimonio provincial y tiene guardia permanente.


Me gustaría terminar  este último capítulo de mis vivencias, con algunas reflexiones escritas en la Navidad que pasé en el pequeño, pintoresco y simple pueblo de Santa Rosa del Conlara, frente al río del mismo nombre, un diciembre de sequía pero que quedó marcado en mi alma y en mi corazón.
Cómo quisiera que el tiempo se detuviese ahora mismo, en este instante de luz y aromas campestres… se detuviera para siempre.
Y yo quedar en él, estampada en el banco de piedra como los fósiles milenarios en las lajas de Bajo de Veliz. Así me siento: fresca, pura, intacta, a pesar de todo lo andado por el tránsito voraz de la vida.
Sería el final soñado, la coronación de todos los sueños cultivados y cuidados en la huerta florida del alma.
En este verano tórrido que me asfixia soy una braza ardiendo en el valle calmo y dulce que alimenta la montaña, recorte azul en un cielo celeste esmerilado. En un incendio de versos reposa mi mente cansada.
El algarrobo generoso extiende sus ramas como brazos que quieren abrazarme. Aspiro el aroma a poleo y escucho… allá… en el campo… despiertan urracas y teros, chingolos y calandrias se escuchan entre las hojas y el hornero reclama su morada.
Un tero real camina sobre el agua del río que apenas suena cuando se desliza sobre lecho
de lodo donde una pareja de patos busca alimento.
Pronto, un coro de chicharras anunciará que el dulce amanecer estará terminando y el sol todo poderoso invadirá el espacio mágico salpicado de fragancias y sonidos alados.
 Entonces será el tiempo de partir al refugio fresco que durante el día es mi morada. Esperar la noche clara y la nueva mañana. Es necesario absorber cada instante hasta reventar de gozo el alma. Y comulgar con Dios, dar las gracias, porque amerita el momento sublime, cuando la naturaleza nos transforma en seres más buenos y armoniosos, seres de luz y de silencios… seres universales, seres de la Tierra”.
                                                                         Febrero-Marzo 2012 y Diciembre 2013.


































lunes, 30 de diciembre de 2013

CANTATA DEL ABUELO ALGARROBO.

Magnífico poema costumbrista y ecológico escrito por el poeta puntano: Antonio Esteban Agüero, dedicado al Algarrobo Milenario de Merlo. Un magnífico ejemplar de 1.200 años.















                                       Retoño del algarrobo abuelo ( algarrobo blanco)

que se puede ver en el paseo Maidana, camino al Atalaya, centro del parque, en Los Toldos.

                                          
CANTATA  ( FRAGMENTO).

Del libro CAPITÁN DE PÁJAROS. Editado por Asociación cultural Piedra Blanca.San Luis.


Padre y señor del bosque,
abuelo de barbas vegetales,
yo quisiera mi canto como torre
para poder alzarla en tu homenaje;
no el canto pequeño de la flauta
dulce, delgado, suave,
la de cantar la rosa y la muchacha,
sino el canto del mar, un canto grave,
con olores de vida y con el pulso 
musical y viviente de la sangre.
Algarrobo natal. Abuelo mío.
Hace mil años la paloma trajo
la menuda simiente por el aire
y la sembró donde tú estás ahora
sosteniendo la luz en tu ramaje
y la sombra también cuando la noche
en larga lluvia de luceros cae.
Así naciste. Cuando tú crecías
la región era bosque impenetrable,
con oscuros guerreros que danzaban
junto a los fuegos al caer la tarde
y con nombres diaguitas en los ríos,
sobre todas las bestias y las aves,
en cada hierba, sobre cada cerro,
una tierra sin mapas ni ciudades,
donde dioses sedientos presidían
al cortejo y el rito de la sangre
que vertían pintados hechiceros
para aplacar las cóleras solares.
 ----------------
Así creciste un día y otro día,
hacia abajo y arriba, penetrante,
con las raíces cada vez más hondas
y la copa más alta y dominante,
en crecimiento que fuera dura guerra
sostenida y ganada a cada instante
contra el viento del sur y la sorpresa
del rayo azul y su puñal tajante,
contra el cierzo de julio que traía
los rebaños de nieve trashumantes,
contra la sed en el ardor de enero,
cuando gentes y plantas implorantes
alzan ojos y hojas a las nubes
por si las nubes sus entrañas abren
y la lluvia se vierte generosa
en licor de celestes manantiales.

Pero tú eres lo que ahora miro
Algarrobo natal, Señor y Padre!
Con estos ojos que el amor habita
y los otros secretos de la sangre:
un árbol rey, un árbol solo, el árbol
sin edad en el tiempo y en el aire,
a cuya sombra hace doscientos años
a favor de un designio inescrutable
se fundó mi casona solariega
sobre honrada simiente de linaje.
-------------
Ocres raíces surgen de la tierra
como animales de encrespado lomo,
sosteniendo la torre milenaria
toda construida en material leñoso.

El ramaje se inserta complicado
y se tiende en un gesto poderoso
como brazos que buscan impotentes
una cosa que asir en el contorno.

Viejas ramas que son como tentáculos
de oscuro pulpo, miembros musculosos
de yacente dragón o dinosaurio,
de araña enorme o encantado monstruo.

Yo podría contarlas, si quisiera,
una por una y apagar mis ojos
con la venda y el frío de la cifra,
pero prefiero contemplar gozoso.

Y decir que la sombra que derrama
como lluvia de paz el Algarrobo
puede cubrir una pequeña plaza,
proteger un rebaño numeroso,
cobijar una tropa de carretas,
y un regimiento con vivac y todo.

--------
Sombra del árbol, transparente sombra,
casi impalpable como un velo fino
o la leve caricia de la nube,
o la queja que fluye en el suspiro,
algo tan puro, delicado y manso
como el sueño de un pájaro dormido
o la entraña del agua en la vertiente
y cuyo elogio me estará prohibido
mientras yo sea nada más que un hombre
y no posea un corazón de mirlo.
--------
Padre y Señor del bosque
abuelo de barbas vegetales,
Algarrobo natal. Torre del cielo.
Monumento y estatua del follaje,
Hijo del sol y de la tierra unidos.
Corona real para la sien del aire.
Árbol de luz. Espejo de los siglos.
Dios vegetal de corazón fragante.
Así yo quiero terminar la Oda,
asistido por Ángeles del canto:
Algarrobo Natal, Abuelo nuestro.
¡Catedral de los pájaros!.

Antonio Esteban Agüero.

viernes, 13 de diciembre de 2013

ARBOLITOS DE NAVIDAD CON LIBROS.

Mini arbolito con minilibros.

Árbol de Navidad con libros, y mis libros publicados........









lunes, 2 de diciembre de 2013

NOSTALGIA DE AMANECER.

(tomo como propio el sentir del poema)


                                                       MI LUGAR Y HORA PREFERIDA.
Quisiera -¡este verbo quisiera!
otra vez aparece en mi vida,
se hace sueño, anhelo, esperanza
y me empuja, buscando salida.

El presente no alcanza a calmarlo
aunque abunden la fe y la alegría.
Hay un algo que busca más lejos,
un ya sí, pero no todavía.

Tiene gusto a una cierta nostalgia,
a experiencia de cosa vivida.
¿Es recuerdo de infancia inocente
o adultez de inocencia perdida?

Lo que hoy siento no es algo nuevo
-nunca es nueva una vieja noticia-
¿Será que el mate de cada mañana
como a llama pequeña lo aviva?

Viene quieta y golpea en el alma
como amigo que cae de visita:
me sorprende, quizás me trastorna,
y me alegra por ser recibida.

Es paciente, y a veces parece
que se hubiera quedado dormida
pero basta que llegue el invierno
para hacerse presente en mi vida.

Es la savia profunda de abajo,
es la raíz de mi planta escondida,
es aliento, alimento, fermento,
¿o llamado que viene de arriba?

Junio suele traerme sorpresas
-noches largas que acortan el día-
y me obligan a irme hacia adentro
alargando mis rumias tranquilas.

El castaño desnuda sus ramas
mezquinando su savia dormida.
Solo, entrega el follaje ya inútil
renunciando a su sombra tupida.

Es que sabe cuartear los inviernos
-para Pascua entregó su semilla-
y prepara el ramaje desnudo
entregando sus hojas marchitas.

También yo quiero hacer mi camino
y adentrarme despacio en la vida,
preparándome en cuerpo y en alma
hecho savia, follaje y semilla.

Cuando el sol de mi tarde se apague
incendiando el final de mis días,
quiero ser simplemente un mensaje: 
una estrella del cielo prendida.

Padre Mamerto Menapace.
En su libro "LA VIDA QUE EL PADRE NOS DIO".

EDITORA PATRIA GRANDE. 1999.