POEMA A LUNA
Esa noche cuando desperté
sentí una patita sobre mi
pecho…
la respiración tranquila,
su cuerpo pegadito al mío.
Ahí estaba, dormida
profundamente sobre mi cama
como si fuese el lugar
más seguro del universo.
Me quedé mirándola.
Pensando en lo mucho que
confiaba en mí,
en que ahora ya no
tendría frío ni calor,
no deambularía más en
busca de comida y amor,
y que nos haríamos mutua
compañía.
Ella había encontrado
descanso en mi presencia
y cómo, sin saberlo, me
estaba sosteniendo a mí,
diciéndome:
“aquí estoy yo y estaré
para darte las gracias por dejarme entrar a tu vida”,
(a
nuestras vidas).
“Soy LA ENVIADA, y eso es
lo que sé hacer:
Cuidarlas, contenerlas,
amarlas y sanarlas”
Eso es lo que hacen
ellos.
Nos escanean,
nos leen
y nos contienen, incluso
cuando nosotros no tenemos idea
de cómo contenernos a
nosotros mismos.
Se suben a la cama por un
acto de amor,
de lealtad y de sanación mutua.
Cuando entendí todo esto
supe que LUNA era especial,
había sido enviada por un
ángel llamado BRISA.
Y vi
(vimos)
A un maestro
A un guardián emocional
A un espejo con pelos y
ojos dulces
que ayuda a sanar las
heridas del dolor.
Ahí el vínculo se
transforma
porque ya no se trata de
enseñarle a ella,
sino de recordar juntos
cómo amar de verdad.
Eso se llama: espejeo
canino:
comunicación sin palabras
de gestos, movimientos y
energía
que conecta con empatía.
Así empieza nuestro
encuentro “casual” con LUNA.
(ahora estoy segura, que fue
porque tenía que ser)
que termina cambiando y
sanando nuestras vidas.
¡Gracias Luna por
enseñarnos tanto!
Etel y Roo
Abril 2026
ÚLTIMA CARTA DE LUNA
Hola hermanito Negri, hola ángel dulce Brisa.
Humanos presentes en este lugar:
Ya sé, pasó bastante tiempo desde que mi mami decidió
acabar con mi historia, pero en el día de presentación de mi Saga completa,
quisiera contarles muchas cosas nuevas que aprendí estos casi dos años, desde
que mami dejó de escribir.
He crecido, más bien diría que he llegado a la edad que
los humanos llaman adulto mayor. Me he vuelto más perezosa y demandante de
cariño. Pero también más segura e independiente en las salidas. En el proceso,
Roo también creció y un día descubro que es mi nueva mamá y que la que era mi
mami en la historia, pasa a ser mi abuela, a la que llama Abu. Según ella, soy
su hija adoptada, su hija perruna, su gran amor…
-Luna, ve con la abu-repite mami y yo obedezco y voy con
abu.
-Luna, saluda a la abu- y yo voy y le doy mi patita.
También tuve que aprender las órdenes de abu:
-Luna!!!, no te vayas a la calle!, o -Luna, ven que te
limpio las patitas… cuando llegamos del campo.
Además, tengo que aguantar, permanentemente los cantos
que inventa Roo (o mi mami) todo el tiempo. Mis oídos explotan ya con su voz tan
expresiva. Se pone muy pesada, está bien, son letras agradables y cariñosas,
pero ya me tiene cansada, cuando ella no está duermo y descanso, ya que mi Abu
no canta ni habla, está siempre ocupada en algo…pero suele permitirme dormir la
siesta con ella, en su cama, lo que ya es mucho para mí… mi misión es estar
cerca de ellas siempre que pueda, y soy bastante obstinada, así que me resulta
fácil lograrlo.
En este último año, también, aprendí a meditar y hacer
algo de yoga. Con mi familia, claro, quienes hacían yoga personalizada en casa
con Flor. Yo me adapté enseguida a ella, porque me llenaba de mimos y emana una
muy buena energía. Ponía música relajante y comenzaba la sesión, al rato ya
estaba tan relajada que me tiraba al piso fresco para dormir. Con la meditación
final, terminábamos las 4 a punto de dormirnos. ¡Qué hermoso todo! La sensación
de paz, de armonía, de buenas vibras y energía sanadora.
¡Negri, Brisa! Lo mejor de todo es que hemos seguido
viajando y cada día me hace más feliz y vamos más lejos.
La última vez me llevaron muy lejos, uff, no terminaba
más el viaje… bueno, había muchas paradas para descansar, como una larga que me
gustó mucho porque era un lugar conocido que estuvimos un día en el que no pude
disfrutar porque había mucha gente, y la verdad no la pasé nada bien. Me he
vuelto poco sociable al igual que mi abu, y últimamente mi mami Roo. Esta vez,
no había nadie, todo el espacio fue para mí, anduve tan feliz que me cansé…
allí, en una mesa, bajo los árboles y con un arroyo cerca, comimos y ellas
ordenaron un poco el baúl lleno de nuestras cosas.
Ya por la tarde seguimos viaje, hacía calor y nos
perdimos en una rotonda, otra vez paramos y abu preguntó en un parador… y
seguimos, se hacía interminable el último tramo, claro, que yo no sabía que lo
era. ¿Dónde iremos? -pensaba, mientras no dejaba de mirar para un lado y para
el otro.
Al poco tiempo el paisaje cambió, me gustó mucho la
cantidad de pinos, unos árboles muy bellos y verdes que dejan caer piñas.
Entramos a un pueblito desconocido, muy encantador y
después de unas cuadras de recorrido paramos en un lugar. Nos esperaba una
señora que nos recibió amablemente.
Yo fui la primera en entrar al departamento, la señora se
reía, y ahí nomás, en el piso de cerámica fresco me eché a descansar, exhausta.
Mientras, ellas bajaban todas las cosas del auto, acomodaban un poco y ya
cuando la tarde caía, me despertaron para ponerme el arnés. ¡Oh! ¿Dónde iremos
ahora? - pensé sorprendida.
- ¡Vamos Luna!, iremos a ver al mar, lo conocerás al fin,
después de tanto viajar. - gritó Roo.
Y salimos, tuve que esforzarme mucho en hacer un trecho
por una calle arenosa y luego trepar un médano, bajar y una pasarela de madera
nos fue acercando a una inmensidad de agua que se perdía en el horizonte. Era
maravilloso, iluminado por la luz del sol que se perdía tras los médanos de
arena -según dijo Roo- se llamaban así esas lomas. Mi pobre Abu, apenas pudo
subirlas y luego bajarlas, con sus problemas de movilidad.
Pero estaba tan feliz, que casi lloraba, para ella esa
inmensidad azul llamada Mar tenía un gran significado que la emocionó mucho. A
mí me molestaba caminar por la arena con finas piedritas que, según supe, son
trocitos de caracolitos, porque me pinchaban. Así que anduve molesta hasta
llegar a la arena húmeda. Pero me asustaron las inmensas olas que se acercaban,
por lo tanto, me corría cuando llegaban para no mojarme, son de temer y a mi no
me gusta el agua, ningún tipo de agua.
Negri, Brisa, así terminé ese primer día. Sin tiempo ya
para investigar el lugar donde paramos me instalé en la cama que mami me tenía
preparada y me dormí sin comer.
Al otro día, abu, como es su costumbre, se despertó
temprano y preparó su mate. Yo, por primera vez salí al patio y oriné en el
hermoso césped cubierto de rocío. Luego seguí durmiendo.
Cuando la mañana empezó a avanzar, salimos a recorrer el
lugar. Y ¡Oh sorpresa!, la de lugares bonitos y escondidos que había para
explorar. Cuántos olores nuevos descubrí y hasta una inmensa pileta rodeada de
árboles y flores donde iban de visita los picaflores.
Qué placer estar ahí, claro cuando estábamos solas,
porque una Golden que me ladraba si ella llegaba primero, no me agradaba nada y
un día casi nos peleamos. Ella estaba con un matrimonio en el departamento de
arriba. Cuando yo andaba paseando abajo, me ladraba. No importa, yo seguía
igual… en otro departamento había un caniche que también ladraba, pero él no
salía al parque, lo tenían adentro y lo sacaban para hacer sus necesidades a la
vereda. También, con el correr de los días, yo salía a la vereda, me encantaba
el lugar, pero la playa no tanto cuando íbamos en el día, me molestaba el sol y
la arena, además de la gente y los perros que cruzaba. Así que me quedaba
echada bajo la sombrilla sin perder de vista a mi familia que se acercaban al
agua, yo prefería quedarme lejos de esa masa de agua amenazante.
Sin embargo, sí me gustaba caminar al atardecer por la
orilla, refrescándome las patitas en la arena húmeda, y con el correr de los
días comencé a correr, a disfrutar realmente de la playa, sus olores, otros
caminantes, que no eran muchos, y así, hasta que anochecía. Además, percibía la
energía buena que emanaba de mi familia, lo feliz que eran, eso me llenaba de
paz y alegría. La Abu, salía muy temprano, sola, supongo que, para caminar,
según la escuché, quería ver la salida del sol, yo esperaba cuidando a mi mami
y el lugar, y durmiendo muuuuucho.
Una tarde nublada y fresca después de una pequeña lluvia,
fuimos a caminar por un bosque de pinos cercanos. ¡Oh, qué placer descubrir
nuevos y aromáticos rincones para oler! ¡Qué felicidad! Pena que mami Roo no me
dejó suelta, porque según ella, podían salir perros de las magníficas casas
ocultas en el bosque. Alguno, por ahí, a la perdida me ladraba, pero no más que
eso, no me intimidaba. Terminamos en un sendero que subía a un médano cubierto
de arbustos raros un poco tenebrosos, así que mi familia decidió regresar, el
sonido del mar se escuchaba bastante fuerte, tras el médano.
Desandamos despacio el camino, y al rato estábamos
nuevamente en casa donde me sacaron varias fotos en el cartel de entrada al
lugar para hacer promoción (según escuché a abu). Salí muy linda, pero algo
cansada, y agitada.
En fin, días maravillosos pasamos en ese viaje, que se
pasaron muy rápido, para mi gusto y el de mi familia también. Pero el regreso
fue tranquilo, sin perdernos y en un tiempo algo menor, no me cansé tanto.
Bueno, sí… pero ya sabía que terminaríamos en casa.
Por viajes anteriores, aprendí el camino, que siempre es
igual gran parte del trayecto. Solo me gustaría que saliéramos de paseo más
seguido. Pero mi familia parece estar muy ocupada para eso. Así que Negri, esta
es la hermosa vida que me toca vivir, la culpa es tuya Brisa, ángel que me
envió a esta familia. Te lo agradezco, porque me preparaste muy bien, porque yo
ya lo sabía desde que nací cuál sería mi misión. Nosotros, sabemos siempre cómo
manejar la energía para elegir nuestra familia. Y así llegamos a ella, por
instinto, y bastante de conocimiento… y en mi caso: un gran empujoncito, el que
tú, Brisa me diste. En cambio, mis humanas, nunca pensaron que yo me instalaría
en su casa por siempre. No estaban preparadas, creo que las sorprendí mucho,
para bien, porque ahora, somos casi, casi, inseparables, desde el día que
decidieron que nunca más quedaría en otra casa cuando ellas salieran a pasear.
Aprendieron mucho estos años, que somos familia y que tenemos que viajar
juntas. Fue un gran desafío para ellas, ahora tenían que pensar no solo por su
bienestar, sino también por el mío, “el bienestar animal” tan importante y que
tanto tiempo tardó el humano en entenderlo, al menos, algo, porque aún no es
entendido completamente. Pero ese tema, se lo dejo a Laura, mi veterinaria que
les hablará un poco del tema, para que sepan cómo tratarnos quienes
verdaderamente nos amen y deseen compartir la vida con nosotros.
Hasta pronto hermanito Negri y ángel Brisa, ambos,
siempre están conmigo.
Gracias a todos los que hoy se han hecho presentes para
escuchar mi historia, contada por mi Abu, en estos 4 libros que me demuestran
el increíble amor que me tiene. Y yo a ti abu, gracias por este homenaje, por
lo mucho que aprendimos juntas.
Ni qué decirle a mi mami Roo, el principal motivo por el
que llegué un día ya lejano, a la tranquera del campo y me quedé allí, a
esperar, porque sabía que un día ocurriría el milagro: entraría a esta familia
para siempre; porque necesitaban amor del bueno, solo el que nosotros sabemos y
podemos dar. Por eso, si dudas Roo, no me cansas con tus constantes “Te amo”,
porque lo sabes y te lo expreso de tantas maneras que lo tienes aprendido,
¿verdad? TE AMO. Te lo dice cada día mi mirada, mis gestos, mis pedidos de
caricias, de paseos, de estar juntas: soy feliz cuando ríes y te acompaño
cuando lloras.
Crecimos y aprendimos juntas estos años, por lo tanto,
espero que nuestra historia inspire a otros humanos a adoptar animales de
compañía o de terapia, para sentir el verdadero amor. Que sí, existe. Es el
nuestro.
Esa es la razón por la que inspiré a mi Abu, a escribir nuestra
historia en estos libros, que, sin querer, se transformó en una Saga. Con mucho
de realidad y algo también de ficción, porque créanme: LA MAGIA EXISTE.
¡¡¡¡¡¡Gracias!!!!!!
LUNA.2026.
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