CIUDAD PERDIDA
al Sr. Raúl R.
Narváez
(descubridor de Ciudad Perdida).
Cómo me gusta entregarme al recuerdo
de horas vividas en ese lugar,
quedarme sola bebiendo el silencio
y lentamente poder recordar.
Era entonces una tarde de mayo
con sol radiante después del temporal
nieve en los cerros brillando a lo lejos
en un cielo azul, profundo y total.
Viento de hielo soplando en los altos,
el Mogote Negro y su soledad…
abajo la calma, el dulce silencio
castillos, columnas de la ciudad.
Un misterio de luz guiaba mis pasos
por areniscas de ríos ausentes,
por callejas de piedra y arena húmeda
llena de asombro, ansiosa y silente.
Cómo me gusta entregarme al recuerdo
del mundo ignoto que fui a visitar
donde la vida es un tiempo remoto
que las arenas duras han de guardar.
Laberinto en rosas, rojos y grises
donde no existe el tiempo terrenal
un mundo ignoto que no es del planeta
y en el vasto cosmos no tendrá igual.
Nada y todo se ofrecía a mis ojos
caminante inquieto en la soledad
de figuras rojas, torres y rostros
saludando el paso a la antigüedad.
Por eso, cuando me entrego al recuerdo
palpitante mi corazón de vida
me siento dueña absoluta y suprema
del secreto oculto en Ciudad Perdida.
4-6-87
Del libro digital: EL PAÍS QUE YO VIVÍ.
2016
En
el Parque Nacional Talampaya, La Rioja.
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