Con éxito se realizó la presentación de la novela autobiográfica, con la que culmina un ciclo de 20 libros escritos desde el año 1984 (SONETOS), fueron 34 años muy fructíferos y de gran aprendizaje. Los invito a leer la novela. No está en librerías, pedirla a carpietel@gmail.com o al facebook. Gracias.
El doctor Carlos Mac Donnell, presidente de SADE LOS TOLDOS dice unas palabras.
El presentador: profesor Andrés Russ, Gabriela Nicholson, la locutora y Liliana de Pedoggi, la editora.
Con Trini Urquía, amiga que presentó su libro ACAECERES en el mismo acto.
BIENVENIDOS. LOS INVITO A INGRESAR A UN MUNDO MÁGICO DONDE EL ARTE ES LA MISMA NATURALEZA. Crónicas de viajes por Argentina.
"NUNCA ANDES POR EL CAMINO TRAZADO, PUES TE CONDUCIRÁ ÚNICAMENTE HACIA DONDE LOS OTROS FUERON". (Alexander Graham Bell)
viernes, 21 de diciembre de 2018
PRESENTACIÓN DE LA TRILOGÍA EL CAMINO DE LOS SUEÑOS
sábado, 10 de noviembre de 2018
TRILOGÍA EL CAMINO DE LOS SUEÑOS.
Próximamente se presentará esta novela autobiográfica con la que culmino mi ciclo de escritora, donde pude recorrer todos los géneros literarios.
Dice la narradora:
Mientras exista vida, los sueños no se agotan.
Acompañan a la persona en su tránsito por el universo para vivir la experiencia “humana” que transcurre en nuestro planeta. Porque somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.
Cada uno de nosotros tenemos un “camino de los sueños”, que tratamos de completar en todo su recorrido, desde que nacemos hasta que morimos. Para alcanzar la felicidad plena a la que tenemos derecho.
En el costado del camino quedarán sueños sin cumplir, otros rezagados y también surgirán siempre sueños nuevos, mientras que a otros los abandonamos.
Lo importante es reinventarnos cada vez que haga falta y seguir el camino siempre hacia adelante, sin olvidar las referencias de lo ya transitado, usándolas a nuestro favor. Esa Soledad que nos acompaña, es un don necesario para arribar a la meta de nuestro previsible destino. Por eso, la soledad, no debiera ser causa de sufrimiento, sino de dicha y elevación al plano espiritual.
Como la protagonista de esta historia, ¿cuál es el camino de tus sueños? Cada uno de nosotros construye un camino diferente, tal vez te sientas identificado/a con Selma u algún otro personaje de la novela, quizás esperabas otro final; por eso dejo una ventanita abierta, para que tu imaginación, lector, intente construir a partir de ella, un final de tu agrado.
Lo importante es que sepas que no hay un final para “el camino de los sueños”, ni siquiera con la muerte, porque ella solo indica el final de esta experiencia humana que estamos transitando con el Planeta Tierra. Junto a tantos seres vivos animales y vegetales que nos acompañan. Esos seres puros, los que Selma tanto ama.
Te doy las gracias por acompañarme en esta hermosa aventura que emprendí a través del camino de los sueños; porque con tu lectura, has completado el circuito que da vida a un libro; pues sin ti, solo sería letra muerta.
Ihana Cott.
Dice la narradora:
Mientras exista vida, los sueños no se agotan.
Acompañan a la persona en su tránsito por el universo para vivir la experiencia “humana” que transcurre en nuestro planeta. Porque somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.
Cada uno de nosotros tenemos un “camino de los sueños”, que tratamos de completar en todo su recorrido, desde que nacemos hasta que morimos. Para alcanzar la felicidad plena a la que tenemos derecho.
En el costado del camino quedarán sueños sin cumplir, otros rezagados y también surgirán siempre sueños nuevos, mientras que a otros los abandonamos.
Lo importante es reinventarnos cada vez que haga falta y seguir el camino siempre hacia adelante, sin olvidar las referencias de lo ya transitado, usándolas a nuestro favor. Esa Soledad que nos acompaña, es un don necesario para arribar a la meta de nuestro previsible destino. Por eso, la soledad, no debiera ser causa de sufrimiento, sino de dicha y elevación al plano espiritual.
Como la protagonista de esta historia, ¿cuál es el camino de tus sueños? Cada uno de nosotros construye un camino diferente, tal vez te sientas identificado/a con Selma u algún otro personaje de la novela, quizás esperabas otro final; por eso dejo una ventanita abierta, para que tu imaginación, lector, intente construir a partir de ella, un final de tu agrado.
Lo importante es que sepas que no hay un final para “el camino de los sueños”, ni siquiera con la muerte, porque ella solo indica el final de esta experiencia humana que estamos transitando con el Planeta Tierra. Junto a tantos seres vivos animales y vegetales que nos acompañan. Esos seres puros, los que Selma tanto ama.
Te doy las gracias por acompañarme en esta hermosa aventura que emprendí a través del camino de los sueños; porque con tu lectura, has completado el circuito que da vida a un libro; pues sin ti, solo sería letra muerta.
Ihana Cott.
miércoles, 9 de mayo de 2018
EXTRAÑAR
EXTRAÑAR
(12-4-2018) En Ushuaia
Ya comienzo a
extrañar.
Visualizo la puerta de
salida del paraíso.
Más allá del centro
mágico de la Isla
solo existe un
holograma del edén.
¿Cómo seguir después
que el alimento
fue un combo excesivo
de esplendor?
Gorda de energía,
transitaré los días
visualizando imágenes
y sensaciones
guardadas en el rincón
más secreto del corazón.
Entonces…
la paz cubrirá mi ser,
y cuando le toque
renacer
será en la Isla
Blanca, azul, verde, marrón,
naranja, ocre y roja…
según lo indique el
tiempo que rige la vida en la Tierra.
Y de esos colores, se
cubrió mi alma,
volviéndose eterna y
voraz.
ETEL CARPI ( unos días
antes de partir)
BAUTISTA: UN HOMBRE DE PALABRA
PRÓLOGO DEL LIBRO por Andrés Russo.
Mucho más que una vida
La biografía es un complejo artificio
literario. Reclama el talento necesario para combinar, en su justa medida, los
hechos que configuraron la vida narrada con el irrenunciable y personalísimo
estilo de su narrador. Esto nos advierte de la delicadeza del género
biográfico, uno de los más cautivantes para los lectores de todos los tiempos.
Las razones son evidentes: una vida escrita es una vida que se recuerda porque
ha sido intensa, ejemplar, lúcida o luminosa. Es el caso de “Bautista: un
hombre de palabra” de Etel Carpi, que a través de sus páginas evoca y rinde
tributo a la vida de su entrañable padre. Esto le imprime al libro una cuota
muy fuerte de emotividad, ya que sabemos que la autora nos ofrecerá también
parte esencial de su vida, dado que es imposible contar la vida de un padre sin
contar, en buena medida, la propia. No obstante, esa cercanía de padre e hija,
hilvanada por la memoria de lo vivido que resucita en cada párrafo con el
vértigo del presente, no pierde de vista la mirada armónica y equitativa que
define a un diestro biógrafo. Las circunstancias reales brindan el sostén
verídico que demanda cualquier pieza biográfica. Aquí no hay sólo un rememorar,
sino que nos encontramos con una ardua pesquisa, una verdadera investigación de
una vida. Esto es singular y hace de “Bautista: un hombre de palabra” un libro
indispensable dentro de la producción de la autora porque le ha impuesto el
doble desafío: el del generoso recuerdo y el de la estricta realidad.
Se ha afirmado con frecuencia que
somos lo que recordamos. Eso es cierto, pero escatima otra parte de esa misma
certeza: no podemos recordar todo lo que nos ha llevado a ser quienes somos.
Ese hiato debe ser salvado con maestría cuando se emprende la escritura de una
biografía. Esa precaución ha sido tenida en cuenta por Etel Carpi, que nos
señala el camino de la vida de su padre, sendero cimentado por la tenacidad de
la ética y el compromiso de la palabra empeñada sin detrimento de los sueños
que trajeron a cuestas las familias de inmigrantes a nuestro país y que, con
laboriosidad, buscaron cumplir. No hay página de esta biografía que no invite
al lector a seguir indagando en la historia de un padre que le permitió a su
hija adentrarse en los enigmas de la creación literaria así como en las
maravillas, no menos misteriosas, de la Naturaleza.
La gratitud, creo no engañarme, es la
virtud cardinal de esta biografía. Por todas estas razones, y algunas otras que
la brevedad de un prólogo no puede rescatar, me convenzo de que no seremos pocos los que
nos reconoceremos en esta nueva obra de Etel Carpi, puesto que muchos estamos
devotamente agradecidos a quienes nos dieron la posibilidad de transitar cada
uno de los variados y contrastantes matices de la existencia.
En lo personal quiero agradecerle a
la autora la confianza depositada en mí para urdir estas líneas. Le resta al lector la gozosa tarea de
recorrer las páginas que continúan
Andrés Russo
Junín, 19 de enero de 2018
martes, 25 de abril de 2017
ILUSTRACIONES Y EPÍLOGO DEL LIBRO, BRISA: UNA HISTORIA DE AMOR
BRISA: UNA HISTORIA DE AMOR.
En papel y Digital en ISSUU.com como ECO LITERARIO.
EPÍLOGO
LAS CARTAS
La técnica usada es mixta: lápiz y pastel seco.
En papel y Digital en ISSUU.com como ECO LITERARIO.
EPÍLOGO
LAS CARTAS
CARTA DESDE EL CIELO
1-1-17
Te estoy viendo.
Me gusta observarte porque me llega de lleno tu amor, ese esmero que pones en
dejar bonito el lugar que ustedes eligen para quienes ya no están. Me emociona
que estás en todos los detalles. Igual no estoy ahí, tú lo sabes… pero si eso
te hace feliz, debes seguir tus impulsos, el dictado de tu corazón. La verdad,
no dejas de sorprenderme, porque sé cuál es tu pensamiento sobre esos rituales,
siempre estuviste en contra de ello; tal vez, ahora comprendas un poco mejor el
por qué se hacen. Aunque me inclino a creer que sigues pensando igual pero
inconscientemente necesitas hacerlo para estar bien.
Sé que extrañas
(yo también extraño), las lágrimas inundan tus ojos y poco a poco empañan tu
mirada; esos ojos que en los últimos meses no podía ver porque las sombras me
tomaron por sorpresa. Pero ahora, desde el paraíso azul donde he llegado, puedo
ver muy bien… ¡ah!… aclaro que… ¡GUAU!... veo en colores! Y qué bello es el
mundo aquel, redondo, verde-azul donde viví en blanco y negro.
Te comento que
agradezco tus cuidados, tu preocupación; pero por sobre todo, agradezco tu
falta de egoísmo para soltar mis alas a tiempo, porque la verdad es que yo
quería irme para disfrutar de una vida diferente, que es ésta que tengo ahora,
de ángel guardián de todos tus sueños… y los de ella. Sí… ella… que se negaba a
la realidad de mi partida, y que pudo despedirme bien en el espacio perfecto
nuestro de cada día, sintiendo como una paz dulce y pura nos envolvía, y a mí
me conducía entre nubes de espuma blanca al universo paradisíaco donde estoy
ahora, desde donde las puedo ver… ¡Y EN COLORES!
¿Sabes? Aquí hace
frío, es un frío dulce y acogedor, los cristales de hielo azul forman castillos
monumentales por donde puedo perderme sin miedo a cruzarme con esas bestias
ruidosas que podían aplastarme allá en LA TIERRA. Además, puedo correr como me gusta y estoy
genéticamente preparada para eso; tirando trineos livianos, veloces como el
viento, donde voy transportando cargas de amor y afecto eternos. Disfruto mucho
de este frío magnífico que me contiene y me abraza (igual las extraño), es lo
que está en mis genes y que no sé por qué capricho humano, hemos tenido que abandonar
para satisfacerlos. No creas que me estoy quejando, ¡NO!, fui feliz a tu lado,
tuve trece años de felicidad (otra vez el número 13 que persigue a nuestra
familia), y pude valorar lo que podían darme y a no desear lo que no podían.
Aquí me reencontré
con papá, mamá y hermanos. No te imaginas la felicidad con que me esperaban…
Cuento con todo
el tiempo y el espacio del cosmos para disfrutar del frío; me imagino lo que
estarás pensando: “algún día, yo también terminaré en un lugar así”. Lo deseas
porque amas el frío y amas los aromas y colores del frío.
Tomaste la
determinación en el momento justo, sabías que se avecinaban días de calor
extremo, los que me provocarían un sufrimiento mayor e innecesario. Te costó,
lo percibí, pero esa fragante y fresca tarde de fines de diciembre supe que me
estabas mirando para descubrir el lenguaje de mi cuerpo enfermo y adivinar lo
que albergaba mi alma. Comprendiste el mensaje y te liberaste de la culpa,
concediéndome el permiso para partir. Y no es que no las quería, me hubiera
gustado mucho seguir un tiempo más en esa casa que elegí desde el lejano día de
enero que me llevaron por primera vez para reconocer el lugar. Enseguida lo
adopté como propio, y sentí que pronto iba a ser “mi” hogar. El lugar de crecimiento,
de juegos, de travesuras, compañías agradables, calor, y también momentos de
soledad cuando faltaban y me quedaba a cargo de la casa. Yo esperaba ansiosa el
regreso porque las extrañaba y aunque había siempre alguien para atenderme, no
me gustaba separarme de ustedes.
Pasó el tiempo, y
llegó el momento de abandonar aquel espacio contenedor y volar a éste otro,
destino de los ángeles, desde donde no dejaré de observarlas y cuidarlas.
Otra vez intuyo
que vas a llorar, voy a decirte algo: “no me extrañes porque siempre estaremos
juntas”. Recuerda: “mi felicidad, ahora, es plena. Mi amor fue, es y será
incondicional, porque así es el amor de mi especie”.
“Me siento en
plenitud”.
“He cumplido mi
misión”.
LAS AMO.
BRISA
La técnica usada es mixta: lápiz y pastel seco.
RESPUESTA DESDE LA
TIERRA
2-1-17
Es
verdad que te extraño, es verdad que me cuesta comprender la razón de por qué
las lágrimas están siempre al acecho, dispuestas a salpicar los colores de los sueños.
Ella me dijo
aquella mañana cuando volvíamos de buscarte ya sabiendo que más tarde o más
temprano ibas a marcharte. Me dijo: “después de esto tendremos que ir a
terapia”. Fue muy extraño nuestro comportamiento de esa mañana al llegar a
casa. Decidimos sin palabras, en un tácito acuerdo, bañarte, limpiar toda la
mugre que acumulaste en ese “horrible” (ahora me doy cuenta, antes no lo creía
así) lugar donde te llevé con la esperanza de que te cuidarían mejor que
nosotras. Aquella Navidad te miré y supe que debía hacerlo. Me equivocaba…
cuando regresamos a los dos días y te vimos, toda sucia y orinada, se nos
rompió el corazón.
Ella se sintió
culpable por volverte a dejar. Durante el viaje al radiólogo sintió que
abrazaste su pierna, como un pedido: que deseabas regresar con nosotras, que
todo era inútil, que deseabas dormirte en tu hogar y en nuestra presencia. Con
ese lenguaje sin palabras, que yo no capté porque estaba atenta al manejo del
vehículo, nos decías que sin dudas tus deseos no congeniaban con los nuestros.
Cuando llegamos a
casa sin vos, ella rompió a llorar y yo sentí entonces que me había equivocado
nuevamente. De todas formas, esperar el resultado de los análisis lo podías
hacer junto a nosotras. En tu hogar, tu nido, tu espacio, tu refugio de amor.
Decidimos
entonces que al otro día volveríamos a buscarte para traerte con nosotras
cualquiera sea el resultado de esos análisis. Ya tenías que pasar otra noche
más sola y eso nos pesaba demasiado la conciencia, en ese largo y estrecho
bunker sin vida donde el sol del verano castiga el mosaico desteñido y
pestilente y la oscuridad de la noche cae sobre tu cuerpo con las garras
destructoras de la mala muerte. Allí deambularías sin rumbo porque sabías que
ese no era “tu hogar”.
Hoy te pido
perdón, me equivoqué cuando imaginé que podría retenerte un tiempo más, que
aquel “especialista” lograría el milagro de conseguirlo. Hoy creo que lo
intentó, pero no fue suficiente, porque era una misión imposible. Creí estar
preparada, no lo estaba para aceptar que el tiempo límite de vida se había
cumplido, a pesar que todos lo decían y los libros especializados me lo
recordaban una y otra vez. Después de ese año difícil que tuviste que pasar
desde que perdiste la vista, fue como un bonus trak de Dios para nosotras.
El día que
volvimos a la ciudad vecina a buscarte, nos sorprendió en la ruta un amanecer
de verano diferente. Una sutil neblina se levantó para cubrir nuestro camino,
añoranzas de un paisaje otoñal que nos impactó. Esa era la señal…
Para entonces
sabíamos que te traeríamos para morir; ya teníamos el resultado, podíamos
comprender lo que te esperaba. Por eso transitamos los cuarenta y dos
kilómetros en silencio, sumidas en nuestra tristeza, en el inevitable dolor que
teníamos que vivir. Yo supe enseguida que sin dudas era un aprendizaje que en
el transcurso de mi vida no había experimentado y ese sería el momento de
hacerlo. Tenía que aceptarlo como enseñanza.
Te encontramos
algo repuesta y eso, más las palabras del doctor, nos devolvió momentáneamente
las esperanzas. Viajaste tranquila, relajada, aunque todavía con ese aroma a
orines impregnado en tu cuerpo. Te habían limpiado, pero solo a medias… ambas
lo lamentamos mucho, justo vos, que siempre fuiste tan limpita, tan cuidadosa
para no ensuciarte y ensuciar. Siempre coqueta, perfumada, impecable y
seductora. Tus ojos azules, delineados naturalmente marcaron siempre la
diferencia y eran el imán que atraía todas las miradas.
Llegamos a media
mañana y nos afanamos en bañarte y perfumarte. Ahí fue cuando ella me dijo
entre risas y llanto entremezclados, bajo la luz del sol que comenzaba a
filtrarse por las hojas de las plantas del jardín, mientras la calandria de
todos los días emitía sin cesar sus afinados trinos desde las ramas frondosas
del Samohú de la vereda.
Me dijo: “después
de esto tendremos que hacer terapia”. Era un acto macabro, de humor negro,
preparar y acicalar a un ser vivo para enfrentar en pocas horas, la muerte. No
fue un comportamiento normal y lógico. Pero ocurrió así, como un ritual que
nació espontáneamente (ahora lo sé), con ese sencillo y mágico acto de higiene
estábamos compartiendo la despedida sellando un pacto de amor eterno.
Luego te dimos
agua, y sentimos tanta felicidad al ver cómo la saboreabas. Entonces me animé y
te ofrecí dos pequeños bocaditos de carne que guardé en la heladera con la
esperanza de poder dártelos cuando regresaras a casa. Y grande fue nuestra
sorpresa cuando te observamos comerlos con placer. Tomaste otro poco de agua,
cepillé tu pelo que alguna vez había sido tan brillante y sedoso y ahora se
veía opaco y descolorido. Luego te perfumé. Muy relajada, te acostaste al sol
para disfrutar por última vez de su tibia caricia. Mientras almorzábamos,
reímos esperanzadas, tal vez, el milagro fuera posible.
Cuando nos fuimos
a dormir la siesta de verano, te dejamos dormida a lo largo del escalón de
entrada a la cocina. Disfrutando de la frescura del mármol, como últimamente lo
hacías por el calor. En pocas horas me desperté y levanté presurosa, inquieta,
con el pulso acelerado, estaba librando una batalla interior porque el tiempo
pasaba y tenía que tomar una decisión.
Eran las cuatro
de la tarde. Seguías en el mismo lugar, preparé el mate y tomé unos cuantos,
sin muchas ganas, con una pequeña porción de budín. Levantaste la cabeza, y
entonces me acerqué, te ofrecí el último bocadito de carne que recibiste ya sin
mucho entusiasmo.
Esperé, te miraba
con los ojos bañados por el llanto que no podía contener. Volví al interior de
la cocina. Cuando al cabo de un rato te busqué, no estabas. Habías ido a tu
cama, te echaste sobre el colchón y cerraste los ojos que ya no eran azules;
eran tan negros como una noche de tormenta. Acerqué una silla y me quedé a tu
lado, parecías dormir feliz, respirando suavemente. Te hablé, no respondiste…
esperé y ya sin poder evitar el llanto y la sensación de opresión que me
dominaba, me quedé escuchando el lánguido silencio de la tarde calurosa.
Entonces
comprendí el mensaje… y supe que era el momento, que deseabas alcanzar la paz
definitiva, para despertar en el paraíso azul y frío donde me dices que ahora
estás.
Ingresé a la
cocina, en el reloj de pared eran las cinco de la tarde. La desperté a ella… y
se lo dije:
“Voy por el veterinario”.
Después… solo
hubo tiempo para llorar.
FIN
MIS LIBROS HASTA 2017.
jueves, 30 de marzo de 2017
TARJETAS
<div id="geniuzz-widget-gig-big-48850"><a href="https://www.geniuzz.com/g/tarjetas-varias-48850">TARJETAS VARIAS</a></div>
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lunes, 27 de febrero de 2017
BAUTISTA: UN HOMBRE DE PALABRA
Adelanto de mi próximo libro: versión digital; biografía post mortem de mi padre.
DEDICATORIA
A la
memoria de Bautista Carpi:
MI PADRE.
Papá: a vos dedico este libro donde espero
dejar un fiel registro de lo que fuiste y sembraste en mi vida con tu ejemplo
magnífico de cómo vivirla.
Pronto se cumplirán los 20 años de tu muerte
y siento la necesidad que nunca antes había sentido, de indagar en las páginas
de tu vida, donde me encontré al hacerlo, con tantas sorpresas, que cuanto más
indago en el prolifero material de archivo que
me legaste, más grande es la admiración que profeso por vos.
Si bien en casi todos mis libros estás
presente de una u otra forma, desde que comencé a editar, (aún estabas vos con
vida), por lo tanto fuiste testigo de ello; hoy sé que llegó el momento de
investigar todos los vericuetos por donde transitó tu existir, algo que nunca
antes me animé, quizás porque no me sentía capacitada o con la necesidad
interior de hacerlo. Además siempre supe que sería una tarea difícil, titánica,
que me llevaría mucho tiempo y esfuerzo y yo no tenía ese tiempo, y tampoco me
sentía en condiciones de hacer el esfuerzo. Sin embargo, hoy agradezco haber
comenzado, porque es como una caja de pandora donde se puede encontrar de todo.
Una tarea que me satisface, me hace sentir plena, y que al final por tu
disciplina y tu orden, se me hace menos pesada y tediosa. El material es
grande, tus archivos personales son inacabables, pero en ellos dejaste tu huella,
tu impronta, y si sabemos revisar una y otra vez, podemos encontrar cada
detalle de tu vida y recrearla con rigor histórico como cuando estudiamos un personaje destacado
de nuestra historia. Eso sos vos para mí: el personaje, el héroe de mi propia
historia.
No solo lo hago por mí, quiero legar a mis
descendientes el ejemplo de “un hombre de palabra” a quien todos respetaban y
valoraban. Sin que faltasen enemigos también, los que intentaron destruirte.
En vos, también, deseo rendir un homenaje a
todos los hombres y mujeres que llegaron desde lejos a nuestra Patria para
“hacer la América”, construir el País que tenemos hoy con el aporte
incondicional de su lucha y su trabajo fecundo. Vos fuiste un ejemplo perfecto
de culto al estudio, al trabajo y al progreso basado en la perseverancia y la
disciplina. Partiste de muy poco, de casi nada… pero con un gran aprendizaje
que tu férrea voluntad fue acrecentando desde muy joven hasta obtener un gran
desarrollo intelectual que con tu prolija y sana actitud de hombre honesto y
sabio forjó su propio destino y marcó con su ejemplo el camino del mío.
Papá a los 30
años.
“Los que
salen adelante en este mundo son personas no conformistas, que buscan las
circunstancias que ellos desean, y cuando no las encuentran, las crean”.
Bernard Shaw.
SOBRE EL TÍTULO
DEL LIBRO
El título de este libro de la biografía Post Mortem de mi padre, nació de
escuchar tantas veces lo mismo a todo aquel que le preguntaba, o simplemente lo
recordaban por alguna circunstancia de la vida. “ES UN HOMBRE DE PALABRA”. Me
lo decían a mí, a mi ex marido que llegó del exterior unos años antes de su
muerte; y luego a mis suegros, cuando les tocó el turno de radicarse en Los
Toldos y conocerlo, allá por el año 1992. Por lo tanto, ese y no otro, debía
ser el título elegido para el libro dedicado a Bautista Carpi: mi padre.
Etel.
Der. Res. Edita Ediciones de Las tres Lagunas. Junín.
lunes, 13 de febrero de 2017
BRISA: UNA HISTORIA DE AMOR
INTRODUCCIÓN del libro inédito de la biografía de Brisa. Relatos. Para niños y jóvenes. 2017.
INTRODUCCIÓN
Luciana: una
Husky Siberiana blanca como la
nieve que cubre sus lugares de origen en la estepa Siberiana Rusa, estaba
preñada por segunda vez.
Ella había llegado varios años antes desde La
Plata, su dueño vivía en un departamento, cuyo tamaño, era inadecuado para los
activos Siberian Husky, raza fuerte, cuyo trabajo es tirar de los trineos en la
nieve, ancestral raza descendiente del lobo. Fue así, que tuvo que llevarla a
un tranquilo pueblo del interior donde vivía su familia, la casa tenía un
espacio suficiente para que ella retozara a gusto; incluso, con la posibilidad
de que la llevaran también ¡AL CAMPO! que trabajaban a 10 kilómetros del pueblo
o en su defecto, a alguna de las quintas que poseían en la ciudad.
Se adaptó enseguida y fue amada por todos,
cada día que pasaba la querían más por su carácter tranquilo, obediente y
amigable.
Luciana era hermosa, con un largo pelaje muy
sedoso que de tan blanco, cegaba a la luz del sol.
El vecino del fondo, tapial de por medio,
tenía un robusto y oscuro Siberiano macho. Era un “Adonis”, al que Luciana encontraba
en la vereda cada vez que daba su diario paseo matutino alrededor de la
manzana. Ella nunca se iba lejos… y él… le echó el ojo azul en cuanto la vio
por primera vez. A Luciana le gustó, pero… se quiso hacer la interesante
durante unos días. Sin embargo esperaba ansiosamente cada día para verlo.
Cuando entró en celo, le permitió que la olfateara. Y grande fue su sorpresa
canina cuando el pretendiente (unos días después) entró a su casa. La verdad es
que, ya desde hacía tiempo, los dueños estaban esperando el celo de Luciana
para cruzarlos; ambos canes no podían esconder la alegría que sintieron al
verse y festejaron el encuentro con movidas de cola, olfateos y lambetazos.
Todo salió bien, el galán cumplió y la bella
Luciana se encontraba esperando cachorros por segunda vez. Y esta vez como
debía ser: con un perro acorde a su raza, y no como le pasó la primera vez que
la preñó un perro de la calle en una de sus escapadas. Menos mal que esa vez
solo tuvo un cachorro. Ahora sería distinto, tendría hermosos cachorros como
merecía su delicada estampa de blancura infinita y lo apuesto que era su galán.
Una noche de diciembre se produjo el parto,
que fue algo largo ya que nacieron 5 crías. En esa ocasión, Luciana fue
asistida por sus dueños Tito y Elisa, que estuvieron casi toda la noche con
ella.
A los pocos días, papá robusto entraba al
jardín para conocer a sus hijos: tres machos y dos hembras, a cual de todos más
bellos y encantadores, como son en general todos los cachorros, pero sin duda
que el cachorro Siberiano supera todos los modelos de belleza, llenos de pelo,
y ojos claros y vivaces.
Recuerdo muy bien la tarde que llegué con mi
hija Rocío de 8 años a la casa de la familia para conocer a los cachorros.
Tito, encargado de nuestro campo, lugar donde solía llevar a Luciana, nos
ofreció un cachorro a elección ya que nosotras, hasta entonces, no teníamos
mascota.
Al principio yo no quería, pero Rocío
insistió tanto que accedí. Así que visitábamos a la familia diariamente para
verlos crecer hasta que llegara el momento de traernos uno a casa.
Resultaba tan tierno observarlos deambular
cerca de Luciana, eran tan lindos… hay una imagen que no se borrará jamás: la
madre descansando sobre un banco y dos de los más inquietos –más adelante
bautizados Rambo y Brisa por sus dueños- trepando por su lomo, desplegando toda
su vitalidad infantil. Ellos eran, sin duda, los cachorros más despiertos y
apuestos de la camada.
Rambo y Brisa con mamá Luciana.
Rambo, muy parecido a su padre por el color y el porte; Brisa, con una
mezcla de ambos, pero tirando a ser clara y con unos ojos que a los 15 días
eran de un azul marino profundo, delineados naturalmente en negro. Con sus
orejitas caídas y el característico triángulo blanco en la frente (que casi
todos los Huskys tienen).
No podía ser más bella, enseguida congenió con mi hija, fue como una
elección mutua que yo tuve que respectar.
Hubo que esperar los 40-45 días que recomendó el veterinario para
llevarla a casa; igual, algunas veces, fue de visita para reconocer lo que
sería su hogar y de entrada se la veía muy cómoda allí.
Para entonces, resolví que llegaría más o menos para el cumpleaños 9 de
Rocío, así que ese sería su regalo.
Además de traerla algunos ratitos a casa, la visitábamos en la suya y
allí compartíamos un rato de juegos con todos sus hermanos también. Después de
varios nombres descartados, fue bautizada como BRISA: nuestra adorable brisa,
la que nos daría 13 años de felicidad y amor.
Aunque Brisa no fue famosa como Lassie, Rin Tin Tin, Beethoven,
Laika, Rex y tantos otros que han
quedado en la historia; merece que le dedique estas páginas que cuentan su
vida, porque en la simpleza de la misma radica todo el amor que nos dio.
Momentos inolvidables de juegos, emociones, travesuras, alegrías y tristezas,
para acompañar el crecimiento de una niña (Rocío) hasta llegar a la adultez,
con el amor más puro que existe: el de su mascota.
Con Manchita: el peluche.
Etel Carpi. Der. Res.
miércoles, 4 de enero de 2017
Del libro: BRISA: ANÉCDOTAS CANINAS
CARTA DESDE EL CIELO
1-1-17
Te estoy viendo. Me gusta
observarte porque me llega de lleno tu amor, ese esmero que pones en dejar
bonito el lugar que ustedes eligen para quienes ya no están. Me emociona que
estás en todos los detalles. Igual no estoy ahí, tú lo sabes… pero si eso te
hace feliz, debes seguir tus impulsos, el dictado de tu corazón. La verdad, no
dejas de sorprenderme, porque sé cuál es tu pensamiento sobre esos rituales,
siempre estuviste en contra de ello; tal vez, ahora comprendas un poco mejor el
por qué se hacen. Aunque me inclino a creer que sigues pensando igual pero
inconscientemente necesitas hacerlo para estar bien.
Sé que extrañas (yo también
extraño), las lágrimas inundan tus ojos y poco a poco empañan tu mirada; esos
ojos que en los últimos meses no podía ver porque las sombras me tomaron por
sorpresa. Pero ahora, desde el paraíso azul donde he llegado, puedo ver muy
bien…¡ ah!… aclaro que… ¡GUAU!... veo en colores! Y qué bello es el mundo
aquel, redondo, verde-azul donde viví en blanco y negro.
Te comento que agradezco tus
cuidados, tu preocupación; pero por sobretodo, agradezco tu falta de egoísmo
para soltar mis alas a tiempo, porque la verdad es que yo quería irme para
disfrutar de una vida diferente, que es ésta que tengo ahora, de ángel guardián
de todos tus sueños… y los de ella. Sí… ella… que se negaba a la realidad de mi
partida, y que pudo despedirme bien en el espacio perfecto nuestro de cada día,
sintiendo como una paz dulce y pura nos envolvía, y a mí me conducía entre
nubes de espuma blanca al universo paradisíaco donde estoy ahora, desde donde
las puedo ver… ¡Y EN COLORES!
¿Sabes? Aquí hace frío, es un
frío dulce y acogedor, los cristales de hielo azul forman castillos
monumentales por donde puedo perderme sin miedo a cruzarme con esas bestias
ruidosas que podían aplastarme allá en LA TIERRA. Además, puedo correr como me gusta y estoy genéticamente
preparada para eso; tirando trineos livianos, veloces como el viento, donde voy
transportando cargas de amor y afecto eternos. Disfruto mucho de este frío
magnífico que me contiene y me abraza (igual las extraño), es lo que está en
mis genes y que no sé por qué capricho humano, hemos tenido que abandonar para
satisfacerlos. No creas que me estoy quejando, ¡NO!, fui feliz a tu lado, tuve
trece años de felicidad (otra vez el número 13 que persigue a nuestra familia),
y pude valorar lo que podían darme y a no desear lo que no podían.
Aquí me reencontré con papá,
mamá y hermanos. No te imaginas la felicidad con que me esperaban…
Cuento con todo el tiempo y el
espacio del cosmos para disfrutar del frío; me imagino lo que estarás pensando:
“algún día, yo también terminaré en un lugar así”. Lo deseas porque amas el
frío y amas los aromas y colores del frío.
Tomaste la determinación en el
momento justo, sabías que se avecinaban días de calor extremo, los que me
provocarían un sufrimiento mayor e innecesario. Te costó, lo percibí, pero esa
fragante y fresca tarde de fines de diciembre supe que me estabas mirando para
descubrir el lenguaje de mi cuerpo enfermo y adivinar lo que albergaba mi alma.
Comprendiste el mensaje y te liberaste de la culpa, concediéndome el permiso
para partir. Y no es que no las quería, me hubiera gustado mucho seguir un
tiempo más en esa casa que elegí desde el lejano día de enero que me llevaron
por primera vez para reconocer el lugar. Enseguida lo adopté como propio, y
sentí que pronto iba a ser “mi” hogar. El lugar de crecimiento, de juegos, de
travesuras, compañías agradables, calor, y también momentos de soledad cuando
faltaban y me quedaba a cargo de la
casa. Yo esperaba ansiosa el regreso porque las extrañaba y aunque había
siempre alguien para atenderme, no me gustaba separarme de ustedes.
Pasó el tiempo, y llegó el
momento de abandonar aquel espacio contenedor y volar a éste otro, destino de
los ángeles, desde donde no dejaré de observarlas y cuidarlas.
Otra vez intuyo que vas a
llorar, voy a decirte algo: “no me extrañes porque siempre estaremos juntas”.
Recuerda: “mi felicidad, ahora, es plena. Mi amor fue, es y será incondicional,
porque así es el amor de mi especie”.
“Me siento en plenitud”.
“He cumplido mi misión”.
LAS AMO.
BRISA
RESPUESTA DESDE LA TIERRA
2-1-17
Es verdad que te extraño, es
verdad que me cuesta comprender la razón de por qué las lágrimas están siempre
al acecho, dispuestas a salpicar los colores de los sueños.
Ella me dijo aquella mañana
cuando volvíamos de buscarte ya sabiendo que más tarde o más temprano ibas a
marcharte. Me dijo: “después de esto tendremos que ir a terapia”. Fue muy
extraño nuestro comportamiento de esa mañana al llegar a casa. Decidimos sin
palabras, en un tácito acuerdo, bañarte, limpiar toda la mugre que acumulaste en
ese “horrible” (ahora me doy cuenta, antes no lo creía así) lugar donde te
llevé con la esperanza de que te cuidarían mejor que nosotras. Aquella Navidad
te miré y supe que debía hacerlo. Me equivocaba… cuando regresamos a los dos
días y te vimos, toda sucia y orinada, se nos rompió el corazón.
Ella se sintió culpable por
volverte a dejar. Durante el viaje al radiólogo sintió que abrazaste su pierna,
como un pedido: que deseabas regresar con nosotras, que todo era inútil, que
deseabas dormirte en tu hogar y en nuestra presencia. Con ese lenguaje sin
palabras, que yo no capté porque estaba atenta al manejo del vehículo, nos
decías que sin dudas tus deseos no congeniaban con los nuestros.
Cuando llegamos a casa sin vos,
ella rompió a llorar y yo sentí entonces que me había equivocado nuevamente. De
todas formas, esperar el resultado de los análisis lo podías hacer junto a
nosotras. En tu hogar, tu nido, tu espacio, tu refugio de amor.
Decidimos entonces que al otro
día volveríamos a buscarte para traerte con nosotras cualquiera sea el
resultado de esos análisis. Ya tenías que pasar otra noche más sola y eso nos
pesaba demasiado la conciencia, en ese largo y estrecho bunker sin vida donde
el sol del verano castiga el mosaico desteñido y pestilente y la oscuridad de
la noche cae sobre tu cuerpo con las garras destructoras de la mala muerte. Allí
deambularías sin rumbo porque sabías que ese no era “tu hogar”.
Hoy te pido perdón, me
equivoqué cuando imaginé que podría retenerte un tiempo más, que aquel
“especialista” lograría el milagro de conseguirlo. Hoy creo que lo intentó,
pero no fue suficiente, porque era una misión imposible. Creí estar preparada,
no lo estaba para aceptar que el tiempo límite de vida se había cumplido, a
pesar que todos lo decían y los libros especializados me lo recordaban una y
otra vez. Después de ese año difícil que tuviste que pasar desde que perdiste
la vista, fue como un bonus trak de Dios para nosotras.
El día que volvimos a la ciudad
vecina a buscarte, nos sorprendió en la ruta un amanecer de verano diferente.
Una sutil neblina se levantó para cubrir nuestro camino, añoranzas de un
paisaje otoñal que nos impactó. Esa era la señal…
Para entonces sabíamos que te
traeríamos para morir; ya teníamos el resultado, podíamos comprender lo que te
esperaba. Por eso transitamos los
cuarenta y dos kilómetros en
silencio, sumidas en nuestra tristeza, en el inevitable dolor que teníamos que
vivir. Yo supe enseguida que sin dudas era un aprendizaje que en el transcurso
de mi vida no había experimentado y ese sería el momento de hacerlo. Tenía que
aceptarlo como enseñanza.
Te encontramos algo repuesta y
eso, más las palabras del doctor, nos devolvió momentáneamente las esperanzas.
Viajaste tranquila, relajada, aunque todavía con ese aroma a orines impregnado
en tu cuerpo. Te habían limpiado, pero solo a medias… ambas lo lamentamos
mucho, justo vos, que siempre fuiste tan limpita, tan cuidadosa para no
ensuciarte y ensuciar. Siempre coqueta, perfumada, impecable y seductora. Tus
ojos azules, delineados naturalmente marcaron siempre la diferencia y eran el
imán que atraía todas las miradas.
Llegamos a media mañana y nos
afanamos en bañarte y perfumarte. Ahí fue cuando ella me dijo entre risas y
llanto entremezclados, bajo la luz del sol que comenzaba a filtrarse por las
hojas de las plantas del jardín, mientras la calandria de todos los días emitía
sin cesar sus afinados trinos desde las ramas frondosas del Samohú de la
vereda.
Me dijo: “después de esto
tendremos que hacer terapia”. Era un acto macabro, de humor negro, preparar y
acicalar a un ser vivo para enfrentar en pocas horas, la muerte .No fue un
comportamiento normal y lógico. Pero ocurrió así, como un ritual que nació espontáneamente
(ahora lo sé), con ese sencillo y mágico acto de higiene estábamos compartiendo
la despedida sellando un pacto de amor eterno.
Luego te dimos agua, y sentimos
tanta felicidad al ver cómo la saboreabas. Entonces me animé y te ofrecí dos
pequeños bocaditos de carne que guardé en la heladera con la esperanza de poder
dártelos cuando regresaras a casa. Y grande fue nuestra sorpresa cuando te
observamos comerlos con placer. Tomaste otro poco de agua, cepillé tu pelo que
alguna vez había sido tan brillante y sedoso y ahora se veía opaco y
descolorido. Luego te perfumé. Muy relajada, te acostaste al sol para disfrutar
por última vez de su tibia caricia. Mientras almorzábamos, reímos esperanzadas,
tal vez, el milagro fuera posible.
Cuando nos fuimos a dormir la
siesta de verano, te dejamos dormida a lo largo del escalón de entrada a la
cocina. Disfrutando de la frescura del mármol, como últimamente lo hacías por
el calor. En pocas horas me desperté y levanté presurosa, inquieta, con el
pulso acelerado, estaba librando una batalla interior porque el tiempo pasaba y
tenía que tomar una decisión.
Eran las cuatro de la tarde.
Seguías en el mismo lugar, preparé el mate y tomé unos cuantos sin muchas
ganas, con una pequeña porción de budín. Levantaste la cabeza, y entonces me
acerqué, te ofrecí el último bocadito de carne que recibiste ya sin mucho
entusiasmo.
Esperé, te miraba con los ojos
bañados por el llanto que no podía contener. Volví al interior de la cocina.
Cuando al cabo de un rato te busqué, no estabas. Habías ido a tu cama, te
echaste sobre el colchón y cerraste los ojos que ya no eran azules; eran tan
negros como una noche de tormenta. Acerqué una silla y me quedé a tu lado,
parecías dormir feliz, respirando suavemente. Te hablé, no respondiste… esperé
y ya sin poder evitar el llanto y la sensación de opresión que me dominaba, me
quedé escuchando el lánguido silencio de la tarde calurosa.
Entonces comprendí el mensaje…
y supe que era el momento, que deseabas alcanzar la paz definitiva, para
despertar en el paraíso azul y frío donde me dices que ahora estás.
Ingresé a la cocina, en el
reloj de pared eran las cinco de la tarde. La desperté a ella… y se lo
dije:
“Voy por el veterinario”.
Después… solo hubo tiempo para
llorar.
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