BIENVENIDOS. LOS INVITO A INGRESAR A UN MUNDO MÁGICO DONDE EL ARTE ES LA MISMA NATURALEZA. Crónicas de viajes por Argentina.

"NUNCA ANDES POR EL CAMINO TRAZADO, PUES TE CONDUCIRÁ ÚNICAMENTE HACIA DONDE LOS OTROS FUERON". (Alexander Graham Bell)

martes, 18 de febrero de 2020

BAJO OTROS CIELOS: Bosques petrificados de Sarmiento y Jaramillo

BAJO OTROS CIELOS: Bosques petrificados de Sarmiento y Jaramillo: LO IGNOTO A los bosques petrificados de Sarmiento (Chubut) y Jaramillo (Santa Cruz) Andando los caminos del tiempo milenario Que y...

jueves, 25 de julio de 2019

LUNA: LA ENVIADA

Nuevo libro sobre la historia de una perra adoptada,



  Aquella tórrida noche de un seco verano, se “sentía” distinta.  No había ni una nube en el cielo estrellado, ni un soplo de viento que moviese las hojas de los tristes sauces.
  La cachorra Blanquita estaba inquieta, su hermano Negri caminaba por los alrededores resecos con la lengua afuera, como buscando algo.
  Mamá “Perro” descansaba tranquila en el corredor de la casa. Olía a jazmines por el oeste y a bosta de chiquero por el Sur. Mamá y Papá humanos, después de la cena, desaparecieron en el interior de la casa. Desde donde los hermanos se encontraban, podían ver cómo se apagaba la luz de su cuarto.
  Blanquita se acercó al cacharro para beber. Negri la imitó y luego la invitó a caminar hacia el campo donde crecía el maizal, muy castigado por la sequía persistente de ese verano. Un coro de grillos los acompañó. A esa hora de la noche, el campo se extendía voraz ante ellos, salpicado de grupos negros desfigurados por la distancia, allí, donde algún montecito cortaba la monotonía del paisaje campestre. Blanquita y Negri se acercaron a la laguna que se veía muy poco atractiva con tan poca agua, y se echaron entre los yuyos mustios de la orilla; croaban las ranas y el zumbido de los insectos nocturnos invadían el silencio nocturno que los rodeaba.

  -Negri, quisiera irme de casa. –dijo Blanquita, de repente, sobresaltando a su hermano que la miró asombrado parando sus orejitas.
  -Sí… no te asombres, quisiera decidir yo misma sobre mi destino, elegir los humanos con quien deseo pasar mi vida. No quisiera seguir el camino de nuestros hermanos que un día partieron cuando los vinieron a buscar y no pudieron decir nada. Seguramente, pronto, vendrán también por nosotros.
  Negri quedó un rato pensativo, la mirada perdida en la clara noche. Su hermanita tenía algo de razón, pero… dejar el hogar que los vio nacer para recorrer ese agreste y desconocido mundo que los rodeaba, pasar todo tipo de penurias, hasta dar con los humanos adecuados. ¿Cómo iban a darse cuenta dónde encontrarlos?
-No me parece una buena idea Blanquita, tal vez podamos quedarnos acá con Mamá y los dueños de casa.
-Seguro que uno de los dos será entregado, y no quiero ser yo. -protestó Blanquita- Mejor me voy. Si quieres puedes venir conmigo, o me iré sola.
-Está bien, te acompaño, pero una vez que te vea segura en algún lugar, me vuelvo a casa.
-Hecho. –le dijo y le dio un lambetazo.
  Se sintió tan feliz, que se quedó dormida a la vera de la laguna, alumbrada por la gran luna, que sonriente, veló sus sueños.

 

                                








miércoles, 16 de enero de 2019

MINIATURAS DEL FIN DEL MUNDO

Técnica mixta. Enero 2019.  Tierra del Fuego.Parque Nacional y otros. Tamaño: 14 x 9 cms.



viernes, 21 de diciembre de 2018

PRESENTACIÓN DE LA TRILOGÍA EL CAMINO DE LOS SUEÑOS

Con éxito se realizó la presentación de la novela autobiográfica, con la que culmina un ciclo de 20 libros escritos desde el año 1984 (SONETOS), fueron 34 años muy fructíferos y de gran aprendizaje. Los invito a leer la novela. No está en librerías, pedirla a carpietel@gmail.com o al facebook. Gracias.
 El doctor Carlos Mac Donnell, presidente de SADE LOS TOLDOS dice unas palabras.



 El presentador: profesor Andrés Russ, Gabriela Nicholson, la locutora y Liliana de Pedoggi, la editora.
 Con Trini Urquía, amiga que presentó su libro ACAECERES en el mismo acto.









sábado, 10 de noviembre de 2018

TRILOGÍA EL CAMINO DE LOS SUEÑOS.

Próximamente se presentará esta novela autobiográfica con la que culmino mi ciclo de escritora, donde pude recorrer todos los géneros literarios.
Dice la narradora:


Mientras exista vida, los sueños no se agotan.
Acompañan a la persona en su tránsito por el universo para vivir la experiencia “humana” que transcurre en nuestro planeta. Porque somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.
Cada uno de nosotros tenemos un “camino de los sueños”, que tratamos de completar en todo su recorrido, desde que nacemos hasta que morimos. Para alcanzar la felicidad plena a la que tenemos derecho.
En el costado del camino quedarán sueños sin cumplir, otros rezagados y también surgirán siempre sueños nuevos, mientras que a otros los abandonamos.
Lo importante es reinventarnos cada vez que haga falta y seguir el camino siempre hacia adelante, sin olvidar las referencias de lo ya transitado, usándolas a nuestro favor. Esa Soledad que nos acompaña, es un don necesario para arribar a la meta de nuestro previsible destino. Por eso, la soledad, no debiera ser causa de sufrimiento, sino de dicha y elevación al plano espiritual.
Como la protagonista de esta historia, ¿cuál es el camino de tus sueños? Cada uno de nosotros construye un camino diferente, tal vez te sientas identificado/a con Selma u algún otro personaje de la novela, quizás esperabas otro final; por eso dejo una ventanita abierta, para que tu imaginación, lector, intente construir a partir de ella, un final de tu agrado.
Lo importante es que sepas que no hay un final para “el camino de los sueños”, ni siquiera con la muerte, porque ella solo indica el final de esta experiencia humana que estamos transitando con el Planeta Tierra. Junto a tantos seres vivos animales y vegetales que nos acompañan. Esos seres puros, los que Selma tanto ama.
Te doy las gracias por acompañarme en esta hermosa aventura que emprendí a través del camino de los sueños; porque con tu lectura, has completado el circuito que da vida a un libro; pues sin ti, solo sería letra muerta.
Ihana Cott.

miércoles, 9 de mayo de 2018

EXTRAÑAR


EXTRAÑAR
                    (12-4-2018)  En Ushuaia

Ya comienzo a extrañar.
Visualizo la puerta de salida del paraíso.
Más allá del centro mágico de la Isla
solo existe un holograma del edén.
¿Cómo seguir después que el alimento
fue un combo excesivo de esplendor?
Gorda de energía, transitaré los días
visualizando imágenes y sensaciones
guardadas en el rincón más secreto del corazón.
Entonces…
la paz cubrirá mi ser,
y cuando le toque renacer
será en la Isla Blanca, azul, verde, marrón,
naranja, ocre y roja…
según lo indique el tiempo que rige la vida en la Tierra.
Y de esos colores, se cubrió mi alma,
volviéndose eterna y voraz.

ETEL CARPI ( unos días antes de partir)
 Derechos reservados.





















BAUTISTA: UN HOMBRE DE PALABRA

PRÓLOGO DEL LIBRO por Andrés Russo.





Mucho más que una vida

La biografía es un complejo artificio literario. Reclama el talento necesario para combinar, en su justa medida, los hechos que configuraron la vida narrada con el irrenunciable y personalísimo estilo de su narrador. Esto nos advierte de la delicadeza del género biográfico, uno de los más cautivantes para los lectores de todos los tiempos. Las razones son evidentes: una vida escrita es una vida que se recuerda porque ha sido intensa, ejemplar, lúcida o luminosa. Es el caso de “Bautista: un hombre de palabra” de Etel Carpi, que a través de sus páginas evoca y rinde tributo a la vida de su entrañable padre. Esto le imprime al libro una cuota muy fuerte de emotividad, ya que sabemos que la autora nos ofrecerá también parte esencial de su vida, dado que es imposible contar la vida de un padre sin contar, en buena medida, la propia. No obstante, esa cercanía de padre e hija, hilvanada por la memoria de lo vivido que resucita en cada párrafo con el vértigo del presente, no pierde de vista la mirada armónica y equitativa que define a un diestro biógrafo. Las circunstancias reales brindan el sostén verídico que demanda cualquier pieza biográfica. Aquí no hay sólo un rememorar, sino que nos encontramos con una ardua pesquisa, una verdadera investigación de una vida. Esto es singular y hace de “Bautista: un hombre de palabra” un libro indispensable dentro de la producción de la autora porque le ha impuesto el doble desafío: el del generoso recuerdo y el de la estricta realidad.
Se ha afirmado con frecuencia que somos lo que recordamos. Eso es cierto, pero escatima otra parte de esa misma certeza: no podemos recordar todo lo que nos ha llevado a ser quienes somos. Ese hiato debe ser salvado con maestría cuando se emprende la escritura de una biografía. Esa precaución ha sido tenida en cuenta por Etel Carpi, que nos señala el camino de la vida de su padre, sendero cimentado por la tenacidad de la ética y el compromiso de la palabra empeñada sin detrimento de los sueños que trajeron a cuestas las familias de inmigrantes a nuestro país y que, con laboriosidad, buscaron cumplir. No hay página de esta biografía que no invite al lector a seguir indagando en la historia de un padre que le permitió a su hija adentrarse en los enigmas de la creación literaria así como en las maravillas, no menos misteriosas, de la Naturaleza.
La gratitud, creo no engañarme, es la virtud cardinal de esta biografía. Por todas estas razones, y algunas otras que la brevedad de un prólogo no puede rescatar,  me convenzo de que no seremos pocos los que nos reconoceremos en esta nueva obra de Etel Carpi, puesto que muchos estamos devotamente agradecidos a quienes nos dieron la posibilidad de transitar cada uno de los variados y contrastantes matices de la existencia.
En lo personal quiero agradecerle a la autora la confianza depositada en mí para urdir estas líneas.  Le resta al lector la gozosa tarea de recorrer las páginas que continúan
Andrés Russo
Junín, 19 de enero de 2018

martes, 25 de abril de 2017

ILUSTRACIONES Y EPÍLOGO DEL LIBRO, BRISA: UNA HISTORIA DE AMOR

BRISA: UNA HISTORIA DE AMOR.
En papel y Digital en ISSUU.com como ECO LITERARIO.

EPÍLOGO
LAS CARTAS

CARTA DESDE EL CIELO                                                                                  1-1-17
  Te estoy viendo. Me gusta observarte porque me llega de lleno tu amor, ese esmero que pones en dejar bonito el lugar que ustedes eligen para quienes ya no están. Me emociona que estás en todos los detalles. Igual no estoy ahí, tú lo sabes… pero si eso te hace feliz, debes seguir tus impulsos, el dictado de tu corazón. La verdad, no dejas de sorprenderme, porque sé cuál es tu pensamiento sobre esos rituales, siempre estuviste en contra de ello; tal vez, ahora comprendas un poco mejor el por qué se hacen. Aunque me inclino a creer que sigues pensando igual pero inconscientemente necesitas hacerlo para estar bien.
  Sé que extrañas (yo también extraño), las lágrimas inundan tus ojos y poco a poco empañan tu mirada; esos ojos que en los últimos meses no podía ver porque las sombras me tomaron por sorpresa. Pero ahora, desde el paraíso azul donde he llegado, puedo ver muy bien… ¡ah!… aclaro que… ¡GUAU!... veo en colores! Y qué bello es el mundo aquel, redondo, verde-azul donde viví en blanco y negro.
  Te comento que agradezco tus cuidados, tu preocupación; pero por sobre todo, agradezco tu falta de egoísmo para soltar mis alas a tiempo, porque la verdad es que yo quería irme para disfrutar de una vida diferente, que es ésta que tengo ahora, de ángel guardián de todos tus sueños… y los de ella. Sí… ella… que se negaba a la realidad de mi partida, y que pudo despedirme bien en el espacio perfecto nuestro de cada día, sintiendo como una paz dulce y pura nos envolvía, y a mí me conducía entre nubes de espuma blanca al universo paradisíaco donde estoy ahora, desde donde las puedo ver… ¡Y EN COLORES!
  ¿Sabes? Aquí hace frío, es un frío dulce y acogedor, los cristales de hielo azul forman castillos monumentales por donde puedo perderme sin miedo a cruzarme con esas bestias ruidosas que podían aplastarme allá en LA TIERRA.  Además, puedo correr como me gusta y estoy genéticamente preparada para eso; tirando trineos livianos, veloces como el viento, donde voy transportando cargas de amor y afecto eternos. Disfruto mucho de este frío magnífico que me contiene y me abraza (igual las extraño), es lo que está en mis genes y que no sé por qué capricho humano, hemos tenido que abandonar para satisfacerlos. No creas que me estoy quejando, ¡NO!, fui feliz a tu lado, tuve trece años de felicidad (otra vez el número 13 que persigue a nuestra familia), y pude valorar lo que podían darme y a no desear lo que no podían.
  Aquí me reencontré con papá, mamá y hermanos. No te imaginas la felicidad con que me esperaban…
  Cuento con todo el tiempo y el espacio del cosmos para disfrutar del frío; me imagino lo que estarás pensando: “algún día, yo también terminaré en un lugar así”. Lo deseas porque amas el frío y amas los aromas y colores del frío.
  Tomaste la determinación en el momento justo, sabías que se avecinaban días de calor extremo, los que me provocarían un sufrimiento mayor e innecesario. Te costó, lo percibí, pero esa fragante y fresca tarde de fines de diciembre supe que me estabas mirando para descubrir el lenguaje de mi cuerpo enfermo y adivinar lo que albergaba mi alma. Comprendiste el mensaje y te liberaste de la culpa, concediéndome el permiso para partir. Y no es que no las quería, me hubiera gustado mucho seguir un tiempo más en esa casa que elegí desde el lejano día de enero que me llevaron por primera vez para reconocer el lugar. Enseguida lo adopté como propio, y sentí que pronto iba a ser “mi” hogar. El lugar de crecimiento, de juegos, de travesuras, compañías agradables, calor, y también momentos de soledad cuando faltaban y me quedaba a cargo de la casa. Yo esperaba ansiosa el regreso porque las extrañaba y aunque había siempre alguien para atenderme, no me gustaba separarme de ustedes.
  Pasó el tiempo, y llegó el momento de abandonar aquel espacio contenedor y volar a éste otro, destino de los ángeles, desde donde no dejaré de observarlas y cuidarlas.
  Otra vez intuyo que vas a llorar, voy a decirte algo: “no me extrañes porque siempre estaremos juntas”. Recuerda: “mi felicidad, ahora, es plena. Mi amor fue, es y será incondicional, porque así es el amor de mi especie”.
  “Me siento en plenitud”.
  “He cumplido mi misión”.
   LAS AMO.

                   BRISA


La técnica usada es mixta: lápiz y pastel seco.



RESPUESTA DESDE LA TIERRA                                 
 2-1-17
   Es verdad que te extraño, es verdad que me cuesta comprender la razón de por qué las lágrimas están siempre al acecho, dispuestas a salpicar los colores de los sueños.
  Ella me dijo aquella mañana cuando volvíamos de buscarte ya sabiendo que más tarde o más temprano ibas a marcharte. Me dijo: “después de esto tendremos que ir a terapia”. Fue muy extraño nuestro comportamiento de esa mañana al llegar a casa. Decidimos sin palabras, en un tácito acuerdo, bañarte, limpiar toda la mugre que acumulaste en ese “horrible” (ahora me doy cuenta, antes no lo creía así) lugar donde te llevé con la esperanza de que te cuidarían mejor que nosotras. Aquella Navidad te miré y supe que debía hacerlo. Me equivocaba… cuando regresamos a los dos días y te vimos, toda sucia y orinada, se nos rompió el corazón.
  Ella se sintió culpable por volverte a dejar. Durante el viaje al radiólogo sintió que abrazaste su pierna, como un pedido: que deseabas regresar con nosotras, que todo era inútil, que deseabas dormirte en tu hogar y en nuestra presencia. Con ese lenguaje sin palabras, que yo no capté porque estaba atenta al manejo del vehículo, nos decías que sin dudas tus deseos no congeniaban con los nuestros.
  Cuando llegamos a casa sin vos, ella rompió a llorar y yo sentí entonces que me había equivocado nuevamente. De todas formas, esperar el resultado de los análisis lo podías hacer junto a nosotras. En tu hogar, tu nido, tu espacio, tu refugio de amor.
  Decidimos entonces que al otro día volveríamos a buscarte para traerte con nosotras cualquiera sea el resultado de esos análisis. Ya tenías que pasar otra noche más sola y eso nos pesaba demasiado la conciencia, en ese largo y estrecho bunker sin vida donde el sol del verano castiga el mosaico desteñido y pestilente y la oscuridad de la noche cae sobre tu cuerpo con las garras destructoras de la mala muerte. Allí deambularías sin rumbo porque sabías que ese no era “tu hogar”.
  Hoy te pido perdón, me equivoqué cuando imaginé que podría retenerte un tiempo más, que aquel “especialista” lograría el milagro de conseguirlo. Hoy creo que lo intentó, pero no fue suficiente, porque era una misión imposible. Creí estar preparada, no lo estaba para aceptar que el tiempo límite de vida se había cumplido, a pesar que todos lo decían y los libros especializados me lo recordaban una y otra vez. Después de ese año difícil que tuviste que pasar desde que perdiste la vista, fue como un bonus trak de Dios para nosotras.
 
 El día que volvimos a la ciudad vecina a buscarte, nos sorprendió en la ruta un amanecer de verano diferente. Una sutil neblina se levantó para cubrir nuestro camino, añoranzas de un paisaje otoñal que nos impactó. Esa era la señal…
 Para entonces sabíamos que te traeríamos para morir; ya teníamos el resultado, podíamos comprender lo que te esperaba. Por eso transitamos los cuarenta y dos kilómetros en silencio, sumidas en nuestra tristeza, en el inevitable dolor que teníamos que vivir. Yo supe enseguida que sin dudas era un aprendizaje que en el transcurso de mi vida no había experimentado y ese sería el momento de hacerlo. Tenía que aceptarlo como enseñanza.
  Te encontramos algo repuesta y eso, más las palabras del doctor, nos devolvió momentáneamente las esperanzas. Viajaste tranquila, relajada, aunque todavía con ese aroma a orines impregnado en tu cuerpo. Te habían limpiado, pero solo a medias… ambas lo lamentamos mucho, justo vos, que siempre fuiste tan limpita, tan cuidadosa para no ensuciarte y ensuciar. Siempre coqueta, perfumada, impecable y seductora. Tus ojos azules, delineados naturalmente marcaron siempre la diferencia y eran el imán que atraía todas las miradas.
  Llegamos a media mañana y nos afanamos en bañarte y perfumarte. Ahí fue cuando ella me dijo entre risas y llanto entremezclados, bajo la luz del sol que comenzaba a filtrarse por las hojas de las plantas del jardín, mientras la calandria de todos los días emitía sin cesar sus afinados trinos desde las ramas frondosas del Samohú de la vereda.
  Me dijo: “después de esto tendremos que hacer terapia”. Era un acto macabro, de humor negro, preparar y acicalar a un ser vivo para enfrentar en pocas horas, la muerte. No fue un comportamiento normal y lógico. Pero ocurrió así, como un ritual que nació espontáneamente (ahora lo sé), con ese sencillo y mágico acto de higiene estábamos compartiendo la despedida sellando un pacto de amor eterno.
  Luego te dimos agua, y sentimos tanta felicidad al ver cómo la saboreabas. Entonces me animé y te ofrecí dos pequeños bocaditos de carne que guardé en la heladera con la esperanza de poder dártelos cuando regresaras a casa. Y grande fue nuestra sorpresa cuando te observamos comerlos con placer. Tomaste otro poco de agua, cepillé tu pelo que alguna vez había sido tan brillante y sedoso y ahora se veía opaco y descolorido. Luego te perfumé. Muy relajada, te acostaste al sol para disfrutar por última vez de su tibia caricia. Mientras almorzábamos, reímos esperanzadas, tal vez, el milagro fuera posible.
  Cuando nos fuimos a dormir la siesta de verano, te dejamos dormida a lo largo del escalón de entrada a la cocina. Disfrutando de la frescura del mármol, como últimamente lo hacías por el calor. En pocas horas me desperté y levanté presurosa, inquieta, con el pulso acelerado, estaba librando una batalla interior porque el tiempo pasaba y tenía que tomar una decisión.
  Eran las cuatro de la tarde. Seguías en el mismo lugar, preparé el mate y tomé unos cuantos, sin muchas ganas, con una pequeña porción de budín. Levantaste la cabeza, y entonces me acerqué, te ofrecí el último bocadito de carne que recibiste ya sin mucho entusiasmo.
  Esperé, te miraba con los ojos bañados por el llanto que no podía contener. Volví al interior de la cocina. Cuando al cabo de un rato te busqué, no estabas. Habías ido a tu cama, te echaste sobre el colchón y cerraste los ojos que ya no eran azules; eran tan negros como una noche de tormenta. Acerqué una silla y me quedé a tu lado, parecías dormir feliz, respirando suavemente. Te hablé, no respondiste… esperé y ya sin poder evitar el llanto y la sensación de opresión que me dominaba, me quedé escuchando el lánguido silencio de la tarde calurosa.
  Entonces comprendí el mensaje… y supe que era el momento, que deseabas alcanzar la paz definitiva, para despertar en el paraíso azul y frío donde me dices que ahora estás.
  Ingresé a la cocina, en el reloj de pared eran las cinco de la tarde. La desperté a ella… y se lo dije: 
“Voy por el veterinario”.
  Después… solo hubo tiempo para llorar.



                                     FIN
 





MIS LIBROS HASTA 2017.


jueves, 30 de marzo de 2017

TARJETAS

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